La habitación del hombre estaba envuelta en una atmósfera tensa y ferviente. Moira se encontraba de pie, observando a Viktor con una mezcla de deseo y temor en sus ojos. Ambos sabían que este encuentro cambiaría sus vidas para siempre.
Viktor, el alfa de la manada, se aproximó lentamente hacia ella, inundando el espacio con su presencia dominante y poderosa. Su mirada intensa atrapó la atención de Moira, quien temblaba ante la idea de entregarse a sus deseos más profundos. Sabía que Viktor quería ser el primero en adentrarse en su ser, en hacerla mujer, y sus emociones estaban en conflicto.
Aunque Moira sentía una irresistible atracción hacia él, también albergaba dudas y miedos. ¿Sería esta su única oportunidad de amar y ser amada? Sabía que había algo en Viktor que la atraía irremediablemente, algo que iba más allá de la deslumbrante apariencia física y el encanto magnético que poseía. Era capaz de ver en él un anhelo de amor verdadero, promesas de un futuro juntos y una pasión abrumadora.
Sin embargo, Moira no podía ignorar la voz de la incertidumbre en su interior. Era consciente de las historias que circulaban por la manada acerca de las habilidades seductoras de Viktor y cómo había dejado tras de sí a muchas otras mujeres envueltas en promesas vacías, después de todo, siempre regresaba a los brazos de Viveka Ivanov. No podía evitar preguntarse si sus intenciones con ella eran reales o se trataba de otro juego que finalizaría en sufrimiento.
Viktor se acercó aún más, sus labios rozando suavemente los de Moira. Cada centímetro de su piel estaba en llamas, anhelando el contacto con él. Moira sintió una oleada de deseo recorrer su cuerpo, sus dudas y miedos se desvanecieron momentáneamente. La pasión abrumadora les invadió, envolviéndolos en un torbellino de sensaciones.
El alfa acarició suavemente la mejilla de Moira y, con voz ronca, susurró al oído de ella. —Déjame mostrarte lo que significa amar y ser amada de verdad. Quiero ser el único hombre en tu vida, el que luche por tu felicidad y te haga sentir completa. —Sus palabras resonaron en el corazón de Moira, despertando una esperanza que creía perdida. Quizás él también la amaba y necesitaba creer en sus palabras, estaba tan destrozada por dentro que esta promesa de amor le hacía sentir tan viva, tan feliz...
Los dedos de Viktor trazaron líneas en la espalda de Moira, deslizándose hacia su cintura y atrayéndola hacia sí. Moira se dejó llevar por aquellos gestos cargados de deseo y sentimientos encontrados. Por un instante, sus miedos parecieron desvanecerse ante la promesa de un amor apasionado y verdadero.
Finalmente, Moira tomó una decisión audaz. Cerrando los ojos, se entregó a él, permitiendo que sus miedos e inseguridades quedaran en suspenso. Sus labios se encontraron en un beso apasionado, dando paso a una conexión física y emocional que los envolvió por completo.
En ese momento, Moira se inmersió en un torbellino de emociones, sintiendo cómo el amor y el deseo se entrelazaban irremediablemente. Su corazón latía fuertemente, prometiéndole que, a pesar de sus miedos, él sería el hombre que la amaría intensamente y cumpliría sus promesas.
Viktor se acercó lentamente a Moira, con una mirada cargada de deseo mientras sus manos empezaban a explorar suavemente su cuerpo. Con movimientos delicados, deslizó sus manos por la espalda de Moira, bajando lentamente la cremallera de su vestido, liberando su piel desnuda.
El vestido de Moira cayó descuidadamente al suelo, revelando su figura perfectamente moldeada. Viktor quedó hipnotizado por su vista, asombrado por la belleza que tenía frente a él. Sin poder resistirse, acercó su rostro al suyo y la besó apasionadamente, iniciando así un torrente de emociones y sensaciones, mientras empotraba el frágil cuerpo de la joven contra la pared más cercana.
Sus labios se encontraron con cada centímetro de piel, explorando cada rincón de su cuerpo con devoción. Viktor recorría con su lengua cada curva, cada lunar, cada cicatriz, demostrando su deseo y amor por ella. Moira se entregaba completamente a sus caricias, sintiendo cada beso como una descarga eléctrica que recorría su cuerpo.
El tiempo parecía detenerse mientras Viktor se sumergía en el universo de Moira, adentrándose en su intimidad con una delicadeza inigualable. Cada caricia, cada beso, era un acto de conexión y pasión desenfrenada, llevándolos a ambos a un éxtasis indescriptible.
El aroma del deseo llenaba la habitación, envolviéndolos en un torbellino de emociones y sensaciones. Viktor y Moira se perdieron el uno en el otro, dejando atrás el mundo exterior y entregándose plenamente al placer y la intimidad que compartían.
El piso se convirtió en su refugio, testigo silencioso de su amor desenfrenado. Cada movimiento era un suspiro contenido, cada gesto era una declaración de amor. La pasión los envolvía, haciéndolos olvidar todo lo demás, sumergiéndolos en un abismo de placer y éxtasis.
Viktor y Moira estaban unidos en cuerpo y alma, viviendo un momento de conexión y entrega total. Cada centímetro de piel, cada caricia, cada beso, era una promesa de amor eterno. Juntos, se perdieron en un mar de sensaciones, disfrutando de cada instante como si fuera el último.
Un gruñido gutural escapó de los labios del alfa cuando finalmente se derramó en el interior de la joven, disfrutando de cómo está arañaba su amplia espalda y lo abrazaba con las piernas. Completamente exhausto se dejó caer a un costado de la joven y dejó un ligero beso sobre su frente.
—Eres maravillosa, Moira, —Tomó la mano de la chica y entrelazó sus dedos con los de ella esbozando una relajada sonrisa.
—¿Qué harás con Viveka? —Ladeó el rostro para observar su expresión.
—Terminaré con ella hoy mismo, solo deseo estar a tu lado Moira. —Deja un rápido beso sobre sus labios, —esta noche te daré una gran sorpresa, aprovecharé el festival para anunciar que eres mi mujer, a quién elegí para compartir mi vida.
—¿Hablas en serio? —Se sentó sobre la cama cubriendo sus pechos que se balanceaban con el movimiento. —Te amo Viktor... Todo esto es como un sueño para mí. —Lo abrazó con fuerza y se recargó contra su pecho.
—Ahora ve a continuar con tus obligaciones, no deseo que nadie diga nada antes de tiempo. Por cierto, sobre tu cama encontrarás un vestido adecuado para que luzcas esta noche. —Deja un efímero beso sobre su cabeza y la aparta de sus brazos, abandonando la cama.
Moira corrió con una gran sonrisa en el rostro hacia su habitación, sintiéndose flotar entre nubes, al llegar a su cuarto entró y cerró la puerta con suavidad detrás de ella, sintiéndose aliviada por un breve momento de soledad. Había estado esperando este momento desde que Viktor le hizo su proposición, había decidido entregarse a él por que lo amaba, porqué deseaba saber que se sentía ganar alguna vez y dejar de ser invisible. Quería sentirse linda y amada, poder vivir aunque sea una vez lo que la odiosa de Viveka vivía a diario. Los latidos de su corazón retumbaban en su pecho, mezclándose con una mezcla de miedo y anticipación, no podía evitar sentirse preocupada, pero estaba segura de que Viktor sentía lo mismo, así se lo hizo sentir en el encuentro de hace un momento.
El vestido rojo, deslumbrante y sobrenatural, yacía majestuosamente sobre su cama. Las telas escarlatas se balanceaban suavemente con la brisa que se filtraba por la ventana abierta. Moira lo contempló con un brillo en los ojos, admirando el intrincado trabajo de pedrería que adornaba su contorno ajustado. Con manos temblorosas, Moira se apresuró a desnudarse, sintiendo un cosquilleo de excitación recorriendo por su espalda. La idea de sumergirse en la piel de Viktor, de experimentar un mundo desconocido y prohibido era peligrosamente tentador.
Deslizando el vestido por encima de su cuerpo, Moira sintió cómo las suaves telas envolvían su figura con una sensualidad que nunca antes había experimentado. Los bordados brillantes y los destellos de las piedras preciosas la rodeaban como pequeñas estrellas en el oscuro cielo nocturno.
Se miró en el espejo, sus ojos se encontraron con su reflejo cautivador. El vestido acentuaba sus curvas y realzaba su belleza natural, convirtiéndola en una mujer segura y poderosa. Moira se vio envuelta en una inquietante aurora de deseo y seducción, un halo tentador que anunciaba un nuevo capítulo en su vida.
Mientras caminaba hacia el baño, el suave roce del vestido contra su piel la envolvía con una sensación tan exquisita que le resultaba embriagadora. Se desvistió nuevamente y guardó el vestido en su guardarropa regresando al baño para asearse. Moira abrió el grifo de la ducha y dejó que el agua caliente la envolviera, borrando los rastros de incertidumbre y miedo que aún persistían en su mente.
Bajo la ducha, Moira cerró los ojos y dejó que las gotas de agua acariciaran cada centímetro de su piel, sintiendo cómo se fundía con la misma y con los deseos que lo acompañaban. Se sentía feliz y ansiosa, anhelaba ver cómo Viveka debía tragarse todas las humillaciones. La atmósfera se llenaba de una mezcla de pasión y vulnerabilidad, incrementando la tensión que giraba en torno a ella, de pronto recordó una de las tantas cosas que Viveka le hizo en el pasado.
Tiempo atrás...
Moira y Viveka estaban en el patio trasero de la antigua cabaña abandona, aquella a donde ningún licántropo se atrevía a ir, por diversas leyendas de vampiros. Se miraban con desafío en los ojos, como si Moira siendo una patética humana fuese su igual. El atrevimiento de la joven le generaba un inmenso odio .
—¿No te cansas de ser solo una humana? Eres débil y patética, —dijo Viveka con desdén, mientras sus amigas Clara y Susan se mantenían a su lado, listas para intervenir.
Moira tragó saliva, sintiendo un nudo en el estómago. —Viveka, no es mi culpa ser humana, eso está fuera de mi control. Pero hemos sido amigas desde que éramos tan solo unas crías. ¿Cómo puedes menospreciarme por algo tan insignificante? Realmente no entiendo que ha cambiado.
Viveka se acercó a Moira con pasos amenazantes, mientras sus ojos brillaban con furia. Sin embargo, Moira seguía tratando de mantener la calma, sabiendo que no podía dejarse llevar por la ira. Viveka había sido su única amiga, pero desde que sus padres murieron y quedó a cargo de la familia de Viveka esta cambió.
—¡Insignificante dices! ¿Cómo puedes entender lo que es no pertenecer a una manada, a nuestra manada de licántropos? Siempre te he protegido de los demás, pero ya no más. No mereces la lealtad de nuestras mejores amigas, solo eres basura sin valor. —Gritó Viveka, levantando su mano hacia Moira.
Moira retrocedió instintivamente, pero Clara y Susan la sujetaron con fuerza de los brazos, impidiendo que escapara.
—¡Suéltame! ¡Viveka, no hagas esto! Te lo ruego, no arruines nuestra amistad de esta forma, —suplicó Moira mientras luchaba por liberarse.
Sin embargo, Viveka ignoró sus palabras y, con una sonrisa siniestra en los labios, sacó unas tijeras de su bolsillo. Moira observó horrorizada cómo Viveka se acercaba a su cabello.
—¡No, Viveka! ¡Por favor, no hagas esto! —Suplicó Moira con lágrimas en los ojos.
Ignorando nuevamente sus súplicas, Viveka comenzó a cortar sin piedad el cabello de Moira. Despiadadamente, mechones de cabello caían al suelo, dejando a Moira con un aspecto desaliñado y desigual. Moira sintió una mezcla de dolor y humillación mientras Clara y Susan mantenían su agarre firme incrustrando sus uñas en su carne, haciéndola chillar de dolor. Intentó resistirse, pero las ataduras de su amistad habían desaparecido.
Cuando finalmente Viveka terminó, Moira miró el resultado en el reflejo de una ventana rota. Su cabello estaba sumamente corto, sin forma ni estilo. Parecía una sombra de lo que era.
—Mira lo que te has hecho, Viveka, —dijo Moira con voz temblorosa. —Puede que me hayas cortado el pelo, pero nunca podrás destruir mi identidad ni lo que soy realmente".
En ese momento, Moira se dio cuenta de que era más fuerte de lo que había pensado. Ya no necesitaba pertenecer a una manada para ser valiosa. Eran sus acciones y su esencia humana las que realmente la definían, pese a sus pensamientos se dejó caer en el piso y abrazó sus rodillas, llorando desconsoladamente.
Actualidad...
Viktor y Luka se encontraban en el gran salón del castillo, ansiosos por la llegada de Viveka y Clara. Faltaba apenas una hora para el inicio del festival de la Luna, y ya habían llegado varios miembros de la manada.
De repente, los murmullos de los invitados cesaron cuando la puerta del salón se abrió lentamente. Los ojos de Viktor y Luka se iluminaron al ver a Viveka y Clara descender la escalera principal. Las dos chicas deslumbraban a todos con su elegancia, pero Viveka se robaba todas las miradas y ambos gemelos estaban perdidamente enamorados de ella.
Vestida con un costoso vestido n***o que resaltaba la blancura de su piel, su rubio cabello recogido y adornado con pedrería, era una visión deslumbrante. Parecía una diosa en medio de la oscuridad. Viktor y Luka no podían apartar la vista de ella, embobados ante su belleza.
Finalmente, los cuatro se reunieron en el centro del salón. El corazón de Luka latía rápidamente mientras los ojos de Viveka parecían lanzar chispas de enojo hacia su novio Viktor, ignorando la presencia de su amiga y cuñado.
—Viktor, ¿has hecho lo que te pedí? —Viveka miraba fijamente a Viktor, esperando su respuesta. El joven tragó saliva antes de contestar, nervioso pero satisfecho.
—Sí, Viveka. He cumplido con el plan para deshacernos de Moira. Pero no crees que nos estamos excediendo... Esa niña no nos ha hecho nada. —Se le notaba nervioso.
Una sonrisa siniestra se dibujó en el rostro de Viveka al escuchar las palabras de Viktor. Sabía que había tomado una decisión drástica, pero era necesario. Moira se había convertido en un obstáculo en su camino hacia el poder y ya no podía permitirlo, uso su artes de manipulación para convencer a Viktor de hacerlo.
—Muy bien, Viktor. Has hecho bien en actuar. Esta noche, tomaremos el control de la manada y nadie se interpondrá en nuestro camino, tú serás nombrado líder y yo tu destinada. —Su sonrisa se ensanchó.
Viktor observaba la escena en silencio, sintiéndose dividido entre su lealtad a su novia y su incontrolable deseo por Moira. Sabía que habría consecuencias, pero estaba dispuesto a enfrentarlas. El gran festival de la Luna estaba por comenzar, pero en ese momento, el destino de todos los presentes parecía estar en manos de Viveka y su siniestra sonrisa.