Capítulo 2

2104 Words
Moira estaba sumida en una mezcla abrumadora de emociones mientras contemplaba la difícil situación en la que se encontraba. La petición de Sasha, la dueña de la casa, de entretener a Luka Smirnov, desataba un torbellino de ansiedad en su interior. Si bien Sasha era una mujer licántropo amable y protectora, Moira no podía ignorar el miedo que Luka le inspiraba. Desde hace tiempo, Luka había maltratado y menospreciado a Moira. Sus interacciones siempre habían sido cargadas de hostilidad. A pesar de ello, Moira no podía evitar estar perdidamente enamorada de Viktor, el hermano gemelo de Luka. Este sentimiento complicaba aún más la situación, ya que Moira se encontraba en una encrucijada emocional. Por un lado, temía a Luka y deseaba distanciarse de él. Por otro lado, su amor por Viktor le causaba conflicto y añoranza. La presión se intensificaba aún más cuando Sasha la puso entre la espada y la pared, dejándole una difícil elección. Si Moira no aceptaba entretener a Luka, se vería obligada a abandonar la única casa que conocía. Sin padres y sin un lugar al cual acudir, esta perspectiva la dejaba con una sensación de desamparo y desesperación. Con solo dieciocho años, Moira era consciente de que su vida se encontraba en una situación vulnerable y precaria. Tras la trágica pérdida de sus padres en un accidente automovilístico, había quedado a merced de los Ivanov, una familia que la trataba como si fuera insignificante. Convertida en una simple empleada, Moira vivía una existencia opresiva que la desgastaba emocionalmente. En medio de todas estas emociones encontradas, Moira se enfrentaba a un dilema que podía definir su futuro. Los miedos, la esperanza y los recuerdos dolorosos se entrelazaban en su mente, mientras ella luchaba por encontrar la mejor manera de sobrevivir y proteger su frágil corazón. —¿Lo harás? —La voz de Sasha se oía amenazante. —Yo... Si, lo haré señora... Puede estar tranquila. —Murmuró cabizbaja mientras jugueteaba con el borde de su delantal de cocina. —Sabia que aceptarías, cuando termines de preparar la cena y la mesa subes a tu habitación a cambiarte, no puedes andar en esas fachas cuando lleguen los invitados. Sobre tu cama te dejaré un vestido que Viveka ya no usa. —Sin más que decir la mujer abandonó la cocina. Moira se encontraba en un estado de agitación constante después de haber aceptado la difícil tarea de entretener a Luka Smirnov. El miedo continuaba atormentándola, pero también surgían otras emociones complejas dentro de ella. La anticipación y la incertidumbre se combinaban, generando un nudo en el estómago de Moira. ¿Cómo se desarrollaría ese encuentro? ¿Qué desafíos tendría que enfrentar? La ansiedad la acechaba constantemente, alimentando su inseguridad y temor. Por otro lado, Moira también experimentaba un sentimiento contradictorio de esperanza. A medida que se acercaba el momento de encontrarse con Luka, había una pequeña parte de ella que anhelaba que esta experiencia pudiera cambiar las cosas. Tal vez, en el fondo, esperaba que Luka pudiera ver más allá de la apariencia de fragilidad de Moira y reconocer su valía como persona. No obstante, las dudas seguían rondando en su mente. ¿Cómo reaccionaría Luka? ¿Le mostraría alguna muestra de bondad o seguiría tratándola con desprecio? Moira estaba preparada para lo peor, pero albergaba la esperanza de que, de alguna manera, pudiera encontrar una conexión genuina con él. El amor por Viktor también añadía una capa adicional de emociones confusas. La presencia constante de Luka en su vida solo actuaba como un recordatorio doloroso de su imposibilidad de estar con el hombre al que verdaderamente amaba. Sentimientos de culpa y tristeza se entremezclaban con los demás, creando una tormenta emocional en el interior de Moira. En resumen, las emociones de Moira tras haber aceptado entretener a Luka eran una mezcla tumultuosa de miedo, ansiedad, esperanza y un amor no correspondido. Cada paso que daba en esta complicada situación la empujaba aún más hacia un terreno emocionalmente desafiante, donde la incertidumbre y el deseo de pertenencia chocaban dentro de su corazón. Entrada la noche, Moira se encontraba completamente agotada después de haber terminado de preparar una cena abundante para Luka. Sus brazos y piernas parecían pesar el doble, pero se esforzó por mantenerse firme y cumplir con sus responsabilidades. Con pasos cansados, se dirigió a la mesa y comenzó a arreglarla meticulosamente. Colocó los platos de porcelana cuidadosamente sobre el mantel blanco, tratando de transmitir una apariencia elegante y acogedora. Cada tenedor, cuchillo y cuchara fue colocado con precisión, aunque sus dedos parecían moverse ligeramente entumecidos por el agotamiento. Mientras organizaba los utensilios, Moira notó cómo su mente se llenaba de pensamientos y preocupaciones. La tensión en el aire era palpable, y su corazón latía con fuerza en su pecho. Cada pequeño detalle parecía tener un significado amplificado en ese momento, y Moira se esforzaba por mantener la serenidad exterior que tanto necesitaba. Una vez terminada la tarea de arreglar la mesa, Moira se tomó un instante para inhalar profundamente y calmar su agitada respiración. Sus ojos cansados miraron alrededor, evaluando el resultado final de su trabajo. La cena estaba lista, el ambiente preparado, y solo faltaba la llegada de la familia Smirnov. A pesar del agotamiento que la invadía, Moira estaba decidida a hacer frente a la situación de la mejor manera posible. Buscó aferrarse a la esperanza de que, quizás, esta noche sería diferente, aunque temía que sus expectativas pudieran ser un espejismo. Con paso lento pero determinado, Moira se retiró de la sala y se tomó un momento para recuperar fuerzas antes de enfrentar lo que aún estaba por venir. Mientras se alejaba, un sentimiento de determinación y valentía se mezclaba con el agotamiento, recordándole que tenía mucho más poder y resistencia dentro de sí misma de lo que a veces creía. El corazón de Moira latió acelerado en su pecho cuando su mirada se posó en la escena que se desarrollaba frente a sus ojos. Una oleada de sorpresa y dolor la invadió al ver a Viveka, la hija de Sasha, besándose apasionadamente con Viktor en el sillón. Aquellos a quienes amaba, y que debían serle cercanos, se encontraban inmersos en una intimidad que le parecía insoportable. Una mezcla de traición, tristeza y un profundo sentimiento de desolación se anidaba en el corazón de Moira. Durante mucho tiempo, había albergado la esperanza de que Viktor compartiera sus sentimientos, pero verlo con Viveka destrozaba cualquier ilusión que pudiera haber tenido. Sentía como si una puñalada se hubiera clavado en su propio pecho, con la fuerza de mil tormentas internas. El desprecio y el maltrato constante que Viveka le había infligido a Moira a lo largo de los años añadía una capa adicional de dolor a la situación. Sentía una mezcla de impotencia y enojo hacia aquella chica que siempre la menospreciaba y humillaba sin piedad. Verla ahora, enredada en los brazos de Viktor, exacerbaba aún más su sensación de ser insignificante y desechable. En medio de ese torbellino emocional, Moira se debatía entre el deseo de escapar de la cruda realidad y el impulso de enfrentarla. Sus ojos se llenaron de lágrimas que amenazaban con derramarse, pero la rabia y el orgullo herido le dieron un momento de fuerza para contenerlas. No quería mostrar debilidad frente a quienes habían causado tanto dolor en su corazón. En ese instante, Moira experimentó una dolorosa toma de conciencia que la empujó a replantearse su situación. El amor que sentía por Viktor parecía haberse vuelto aún más inalcanzable, mientras que la forma en que Viveka lo reclamaba para sí misma se convertía en una barrera insuperable. Las lágrimas que luchaban por escapar eran una expresión de su profundo pesar y tristeza ante la realidad que se le presentaba. Moira, inundada por las emociones abrumadoras que la consumían, no pudo contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse. En un impulso irrefrenable, dio la espalda a la escena que la había destrozado y corrió llorando hacia su habitación. Cada paso era una mezcla de angustia y desesperación, mientras sentía cómo su mundo se derrumbaba a su alrededor. Mientras las lágrimas corrían por su rostro, Moira escuchó las risas burlonas de Viveka siguiéndola a sus espaldas. Aquella chica maliciosa y arrogante no tardó en aprovechar la oportunidad para mofarse de la situación, deleitándose con el dolor de Moira como si fuera un espectáculo divertido. Cada palabra cargada de sarcasmo que escapaba de los labios de Viveka solo aumentaba el sufrimiento de Moira, haciéndola sentir aún más vulnerable y humillada. Por otro lado, Viktor, confuso ante la repentina reacción de Moira, se encontraba en un estado de desconcierto. Los sentimientos encontrados en su interior le imposibilitaban entender completamente lo que había sucedido. La confusión se reflejaba en su rostro, mientras intentaba procesar la situación y comprender las emociones intensas que brotaban en el corazón de Moira. En el camino hacia su habitación, Moira apenas era consciente de las reacciones a su alrededor. Su mente estaba nublada por el dolor y las lágrimas, y todo lo que le importaba era encontrar un refugio donde pudiera dejar que su desesperación se desahogara en la soledad de su propio espacio. Así, Moira llegó a su habitación y se dejó caer sobre la cama, sollozando desconsoladamente mientras se aferraba a sus almohadas. Cada lágrima que caía representaba una mezcla de tristeza, rabia y desilusión. En ese momento, sentía que su mundo se había desmoronado y que debía enfrentar una realidad más dura y cruel de lo que nunca había imaginado. Después de un momento de llanto y angustia, Moira se levantó de la cama decidida a recomponerse. Se acercó a su armario con la intención de vestirse, pero su mirada se posó en un viejo vestido rojo escarlata que Sasha, la dueña de la casa, había dejado allí. Era un vestido ajustado, con cuello de tortuga y corto. Aunque Moira sabía que el vestido no era adecuado para la situación, una sensación de desesperación y vulnerabilidad la invadió y decidió probarlo. Al ponérselo, se dio cuenta de que apenas le cubría los muslos, revelando más de lo que ella se sentía cómoda mostrando. Se sintió humillada, como si aquel vestido rojo escarlata la convirtiera en una figura vulgar y expuesta. Con lágrimas aún en sus ojos, Moira se miró en el espejo. El reflejo que le devolvía la imagen de alguien que se sentía vulnerable y despojada de su dignidad. La prenda no era un simple vestido, era un recordatorio doloroso de su propia inseguridad y de cómo se sentía inferior en comparación con Viveka y las demás personas que la menospreciaban. A pesar de la herida que sentía en su interior, Moira, con determinación, decidió quitarse aquel vestido que le causaba tanto malestar. Sabía que merecía algo mejor, algo que la hiciera sentir segura y respetada. Se dispuso a elegir una prenda más adecuada, buscando recobrar un poco de confianza en sí misma y seguir adelante con la difícil situación que le esperaba. Con determinación, Moira buscó entre su guardarropa y encontró un bonito vestido rosa que su madre le había regalado antes de fallecer. El vestido era entallado en la parte superior, con un elegante escote de princesa, y tenía un estilo plato en la parte inferior que cubría hasta sus rodillas. Era una prenda delicada y femenina, llena de significado y afecto. Moira se colocó el vestido con cuidado, apreciando cómo se ajustaba perfectamente a su figura. La suavidad del tejido rozando su piel y la combinación de colores resaltando su tono de piel, le brindaron un destello de seguridad y belleza. El vestido representaba más que una simple prenda, era un vínculo tangible con su madre, una conexión que la acompañaba y fortalecía en momentos difíciles. Continuando con su transformación, Moira eligió unos zapatos a juego con el vestido, pero que no eran demasiado altos para asegurar su comodidad. Peinó su cabello sedoso y lo acomodó en un elegante estilo que realzaba su rostro y destacaba su belleza natural. Finalmente, Moira se miró en el espejo, observando a la mujer fuerte y hermosa que se reflejaba ante sus ojos. El vestido rosa, combinado con su apariencia cuidada, le brindaban una sensación de satisfacción y aceptación personal. A pesar de los desafíos y las situaciones difíciles, se sentía conforme con su imagen y lista para enfrentar lo que estaba por venir. Con una nueva dosis de confianza en sí misma, Moira dejó la habitación sintiéndose empoderada. Había encontrado en ese vestido una expresión de su propia valía y era consciente de que, sin importar lo que ocurriera, estaba lista para enfrentarlo con dignidad y fortaleza.
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