Viveka continuaba moviéndose de un lado a otro con agitación en la amplia sala de su casa. Su corazón latía desbocado, su expresión mostraba rabia y su rostro estaba empapado en lágrimas. Viktor, líder de la manada y su novio durante más de tres años, la había abandonado por una humana asquerosa. El ruido de la puerta principal anunció la llegada de Sasha, su madre, quien había regresado del trabajo. Al ver el estado en el que se encontraba su única hija, sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y corrió hacia ella. Sin decir una palabra, Sasha envolvió a Viveka en un cálido abrazo, ofreciéndole su apoyo y consuelo. Las lágrimas de Viveka no cesaban, enredaba sus manos en el abrazo protector de su madre, buscando en ella la fuerza que creía haber perdido. Los sollozos se escapaban de su

