—Todo esto me parece perfecto —adujo Ingrid cruzándose de piernas mientras Altair estaba sirviendo café para ambas—. Parece un sueño hecho realidad, pero no te veo entusiasmada ¿Acaso no era lo que querías? —Claro que estoy feliz, me siento bien porque veo que mi vida está tomando el rumbo que siempre quise —le dijo sin quitar la atención de lo que venía haciendo al verter el líquido de café en cada una de las tazas que reposaban sobre la superficie de la isla de la cocina. —Si no supiéramos que es lo que anhelabas no sabríamos el valor de esto, porque anímicamente no dejas ver emoción alguna —adujo Ingrid. —Nada, es lo normal, igual sabes que no soy de hacer alboroto. Le entregó la taza con el café y tomó asiento a su lado. —¿Cuál es el plan de los próximos días? —consultó Ingrid.

