—Esta casa está hermosa —dijo Altair en voz alta al ingresar a la cuarta casa que visitaron ese día. —Sí, está bonita, no lo niego —opinó Ingrid—. La casa de una estrella. —¿Les parece esta? —preguntó Aleskey. —Está bonita, pero a nosotros es a quien deba parecerle, llama a mamá y muestrasela —le recordó Altair. —No, si a ustedes les parece, la compraré, le daré la sorpresa —dijo Aleskey al tiempo que giró a ver al corredor inmobiliario que los acompañaba—. Nos quedamos con esta, ¿Cómo hacemos? Se apartó del hombre y dejó a las mujeres con los chicos. —Ahí saliste de boca abierta a decir lo que no debías —le dijo Ingrid—. Yo discutiendo con tu papá por ti para defender tu independencia y tu le alimentas el ego alabando la casa donde quiere tenerte controlada. —No exageres, no tiene

