—¡Qué bueno que te decidiste! —Aleskey la recibió en la entrada de la casa. Apenas la camioneta se estacionó en la entrada, él fue quien se acercó a abrir la puerta. —Espero estés más descansada —le dije al tiempo que estiró la mano para ayudarla a bajar. —Sí papi, ya estoy más relajada —le contestó cuando ya estuvo con los pies sobre el pavimento. —Ya me estaba preocupando —dijo él—. Hasta llamé a tú mamá para que me aconsejara qué hacer. —Eres un exagerado, no era necesario que preocuparas a mamá por nada, todos nos agotamos, todos en algún momento no queremos estar fiestiando o sonrientes. —Sí, aunque pienso que no deberías estar triste ni trabajar, no tienes necesidad de nada de eso, yo les doy todo —le dijo él y se inclinó para darle un abrazo y un beso en la coronilla de la cab

