—¿Le digo a los escoltas que preparen la camioneta para que te traigan? —le preguntó Aleskey desde el otro lado de la línea—. Vamos a hacer una barbacoa aquí en la cas nueva. —No papi, no voy a salir hoy —le dijo Altair. —¿Qué tienes? ¿Estás mal de salud? — preguntó preocupado. —No, solo no quiero salir, me quedaré en casa descansando, disfruten ustedes —le dijo ella y miró alrededor esperando que desistiera y terminara la llamada. —Bueno, te llamaré más tarde, duerme un poco, seguro el exceso de trabajo te tiene así —adujo Aleskey dándole poca importancia a lo que tal vez pudiera estarle pasando a Altair, y para ella le resulta mejor así. Mientras él se distraiga en otras cosas, y no insista en querer controlar hasta sus pensamientos mejor para ella. Ese día se dedicó a procurar do

