El primero que se había levantado había sido Jimin, sus ojitos se sentían pesados, todo a su alrededor daba vueltas, era sofocante pero relajante al mismo tiempo. Su cuerpo estaba siendo abrazado por el Alfa, sus suspiros movían sus cabellos y sus dedos acariciando su piel era lo que siempre había necesitado. Se levantó lentamente hasta quedar sentado sobre él, sus manos cayeron rendidas a cada lado y murmuró algo sin sentido para luego seguir perdido en su mundo de en sueño. Se sentía horrible consigo mismo, nunca creyó que terminaría siendo igual o peor que aquel imbécil que había jurado destruir, pero allí estaba él encima de un dulce alfa que no merecía para nada por todas las cosas que le había hecho. Bajo la delicada luz lunar podía notar a lo poco el pequeño golpe que tenía Jeon

