Daniel Mackenzie Hoy, visité a Gustave en su despacho. No solo era mi abogado y un hombre de confianza además de mi amigo, sino también el padre de la única mujer que lograba desestabilizarme con una sola mirada. No podía negar que, más allá de los asuntos legales que me llevaban hasta ahí, una parte de mí albergaba la absurda esperanza de encontrarme con Valeria. Verla, aunque fuera por unos instantes. Quizá también sondear a Gustave sobre ese hombre con el que la había visto. Aquel desconocido que, parecía tener el poder de arrancarle sonrisas que ya no eran mías. Cuando llegué, Gustave me recibió con la cordialidad de siempre, aunque en su mirada había ese brillo de astucia que nunca lo abandonaba. —Daniel, ven, pasa. Qué gusto tenerte por aquí. —Su voz era grave y serena, como si

