Daniel Mackenzie Había tardado más de lo previsto en tomar la decisión de ir tras Valeria, pero esta vez no podía darme el lujo de cometer errores. No era un capricho pasajero ni un arrebato impulsivo. Era una determinación absoluta. Para hacer las cosas bien, debía dejar todos mis asuntos en orden, porque este viaje tenía una fecha de partida, pero no de regreso. ¡No volvería sin ella.! Agradecí a Gustave no solo por su bendición que por cierto fue explícita, desafiante y casi exigente bendición; sino también porque cuidaría de James en mi ausencia. Sabía que ese viejo testarudo estaba irremediablemente encariñado con mi hijo, lo cual me tranquilizaba pues es importante para mí saber que lo dejaría en las mejores manos. En el aeropuerto, James me tomó de la mano con la seriedad de

