Capítulo 9: La verdad duele

641 Words
Antonella llevaba días sintiendo un peso invisible que la aplastaba por dentro. La distancia y el cambio en Alejandro no eran simples coincidencias, y ella sabía que algo estaba mal. Pero no tenía pruebas, solo ese presentimiento que la atormentaba en las noches. Una tarde, mientras esperaba a Alejandro en la plaza para aclarar las cosas, decidió revisar su teléfono. No era la idea más correcta, pero el miedo a la incertidumbre la venció. Y allí estaban: mensajes de Alejandro con otra chica, planes para verse, palabras dulces que nunca le había dedicado a ella últimamente. El golpe fue brutal. El mundo pareció detenerse por un instante. ¿Cómo podía ser? ¿Por qué le estaba pasando a ella? Las lágrimas amenazaron con caer, pero Anto se obligó a mantener la compostura. Al día siguiente, ya en la escuela, Antonella no pudo ocultar su dolor. Sus amigos notaron el cambio al instante. En el recreo, Maia fue la primera en acercarse. —Anto, ¿qué pasa? No estás bien —le dijo con preocupación. Ella respiró profundo, y por primera vez en días, dejó que las palabras salieran. —Alejandro... está con otra. Encontré mensajes en su teléfono. —Su voz tembló, pero no pudo contenerlo más. Martina y Matías se unieron al grupo, escuchando con atención mientras Antonella contaba todo lo que había descubierto, cómo se sentía traicionada, herida, confundida. —No podés estar hablando en serio —dijo Matías, frunciendo el ceño—. ¿Cómo pudo hacerte eso? —No lo sé —respondió Antonella—. Todo se volvió raro, distante. Y ahora entiendo por qué. Ignacio, que había llegado justo a tiempo para escuchar, se acercó con una expresión seria. —No merecés eso, Anto. Sos mucho mejor que él. Sus palabras le dieron un poco de alivio, pero la tristeza seguía ahí, pesada. En ese momento, Sebastián apareció entre los grupos de chicos y chicas. Había escuchado la conversación y se quedó parado unos segundos antes de acercarse. —¿Es verdad lo que están diciendo? —preguntó, mirando fijamente a Antonella. Ella asintió sin poder mirarlo a los ojos. —Sí. Alejandro me engañó. Sebastián apretó los puños, y su mirada se tornó intensa, pero en lugar de juzgarla, hubo algo en su expresión que hizo que Anto sintiera una extraña mezcla de protección. —Nadie debería hacerte eso —dijo, con voz firme—. No sos para que te lastimen. Ella le sonrió débilmente. —Gracias, pero esto es algo que tengo que superar sola. Él no respondió, pero se quedó allí, como si quisiera decir más pero no supiera cómo. Los amigos de Anto, aunque sorprendidos, empezaron a planear cómo apoyarla. Maia propuso que fueran todos juntos a la próxima fiesta para que Anto no estuviera sola. —Si querés, vamos a bancarte —dijo Martina con una sonrisa alentadora—. No tenés que pasar por esto sin nadie. Antonella asintió, agradecida por tenerlos a su lado. Pero en el fondo sabía que, con o sin ellos, esta herida iba a tardar en sanar. Alejandro no solo la había decepcionado, sino que había abierto una grieta en su confianza que no sabía si podría cerrar pronto. Mientras tanto, Sebastián, aunque aún no lo expresaba abiertamente, empezó a verla con otros ojos. Esa verdad dolorosa los acercó de una forma nueva y silenciosa. Por otro lado, Mauricio y Gonzalo, enterados de la noticia por los rumores que circulaban, sonrieron con suficiencia. Para ellos, era otro motivo más para hacer que Antonella se sintiera vulnerable. Pero lo que no sabían era que, cada día que pasaba, ella se fortalecía un poco más. Antonella no quería que el dolor la definiera. Estaba dispuesta a pelear por su dignidad y a mostrar que, aunque Alejandro se fuera, ella seguía siendo mucho más que eso.
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