POV Bibiana Sentada en el sofá de la sala, observé a mi alrededor con una sonrisa de satisfacción. La casa, que durante tanto tiempo había sido mi prisión, ahora se sentía diferente. Era mía. Ahora que la vieja no estaba, podía hacer y deshacer cuanto me placiera. Nadie más me pisotearía, nadie más me humillaría o me trataría como si fuera una simple sirvienta. —Así debió ser siempre —murmuré mientras deslizaba mis dedos sobre la tela de mi vestido nuevo. Ya no tenía que responder preguntas incómodas sobre a dónde iba o por qué usaba cierto perfume. Los mejores vestidos, las joyas más finas, todo debía ser para mí. Me recosté con una sonrisa y llevé una mano a mi vientre. —Todo esto te lo debo a ti —susurré—. Tú me has dado la posibilidad de cambiar mi destino, y te prometo que te esp

