Capítulo 4: La cena con Hector Black
A las siete y media llego a mi casa con el corazón acelerado.
Dejé mis cosas en mi habitación sintiéndome muy agitada, mi corazón desenfrenado cuando solo pienso en lo que ocurrirá esta noche con Hector Black.
Mi teléfono suena y al mirarlo me descompongo al ver que es de mi madre, apago la llamada rápidamente sin querer contestar ni mucho menos que se me descomponga el juicio, no cuando mi día va bien.
Despues de mi divorcio todo ha ido marchando bien, creo que tantas peleas y humillaciones que viví empecé a curarlos en mi vida, ese hombre con el que me obligaron a casarme fue mi tortura, todo por salir embarazada tan joven, y entonces cuando me echaron de la casa él me dijo que me fuera con él y nos casamos, a los meses tuve un aborto espontaneo y quedé atrapada con ese monstruo.
Ahora realmente compadecía a mi madre, y aunque ella me buscaba yo no quería nada que ver con ella con él; mi exesposo.
Fue como si me hubiera apuñalado por la espalda; una traición.
Ya no valía la pena recordar esas cosas.
Fui a bañarme, no quería revivir el oscuro pasado.
Agua caliente mientras escuchaba buena música de Pitbull con Christina Aguilera a todo volumen y cantaba a todo pulmón. El agua tibia corre por mi piel y mis manos resbalan, de repente mi mente está en Hector Black y en como me agarró contra el archivador para seguidamente besarme, uhm, que rico recordar como su lengua se enredaba en la mía y nos besábamos hasta que se nos agotara la respiración. Antes de darme cuenta mi mano está en el medio de mis piernas y me toco, me froto, me siento, es que este hombre me tiene más encendida que una fogata ardiente.
Toda la calentura de esta mañana me embriaga y solo quiero seguir tocandome hasta que encuentre una liberación, relamo mis labios, joder pero quería más, me toco mis pechos pensando en sus besos y en sus manos en mis gluteos, su forma de mirarme, y luego...
Es su mirada oscura. Sus manos rusticas. Su voz gritona cuando le digo que pare.
Me dejo de tocar y abro los ojos.
Como odio pensar en el hombre que hizo miserable mi vida por 15 años cuando tenía 15 años y él 29, cuando una noche que ni siquiera fue placer terminó por ser mi sentencia de muerte.
—Ya, no seas patética, no sigas siendo patética —me digo para terminar de quitarme el jabón y me envuelvo en una toalla, mi teléfono suena y veo que es mi media hermana Lulu.
—Hellooow —dice Lulu.
Sonrio, mi media hermana por parte de papá o más bien el desliz que se descubrió en el funeral de mi padre cuando fue la otra familia y mi madre en vez de llorar solo lo maldijo y se fue enfadada, la otra mujer no tenía idea de que mi padre estaba casado, y su hija tenía casi mi edad, lo peor de todo es que en ese funeral nos hicimos amigas, era muy dulce.
—Hola bonita ¿Como estás?
—Uff, si te cuento como estoy —dice—, además de embarazada, con los pies hinchados y con mareos todo el tiempo.
Me rio un poco.
—¿Que tal las cosas?
—Necesito que te lleves a mi perro, me dijeron que no puedo tenerlo cerca por mis alergias, se me ha empeorado la alergia desde el embarazo.
—¿A tu perro? —repetí incrédula— no tengo tiempo para cuidar perros.
—Mira él es muy aseado, por favor, solo serán unos meses mientras doy a luz y Chendrick acomoda el patio para traer a mi pequeño Doki.
Chedrick era su esposo, Doki su perro.
—Vale, está bien —accedí.
—¡Gracias! Oye ¿y has hablado con tu madre?
—No.
—No puedes seguir siendo rencorosa.
—Lulu, ¿estás consciente de que mi madre me hizo casarme con ese monstruo cuando era una niña y años despues me hizo divorciarme de él y me dejó casi en la calle quitandome todo lo que construimos juntos?
—Te hizo un favor —dijo Lulu—, Javier es un hijo de puta inservible.
—Aún así, me dolió —solté.
—No puede ser que sigas enamorada de él.
—No lo hago, me dolió lo que me hizo mi madre nada más.
—No parece.
Apreté los labios.
—No digas tonterías —suspiro.
—Si lo extrañas solo escribele, solo para saber de él.
—Sobre mi cadaver —repliqué— tengo orgullo ¿sabes? No puedes darme peores consejos.
—Estoy embarazada, claro que te daré malos consejos.
—Gracias por aclarar que no llevas cordura —dije y empecé a sacar la ropa.
—Te mandaré a llevar al perro más tarde.
—No, es que voy a salir.
—¿A donde vas?
—A una cita.
Despues de que lo dije supe que no debí decirlo, tal vez debí guardarlo para mí.
—¿Estás saliendo con alguien?
—No, no exactamente. Despues te cuento.
No queria hablarle de mi cita con mi jefe.
—Vale, mañana te llevo al Doki.
—Vale.
Colgué.
Con lo puritana que es ella, si le digo que es con mi jefe se desmaya.
Miro el reloj al lado de mi cama; marca apenas las 8, me empiezo a arreglar; maquillaje suave, ropa elegante... uhm, ¿tengo ropa elegante?
No encuentro nada.
Saco toda mi ropa y empiezo a entrar en caos completamente histerica hasta que encuentro un bonito vestido azul que tiene un buen corte en el escote y se ajusta a las curvas de mi cintura, aprieto los labios y me subo sobre unos bonitos tacones dorados, un perfume intenso y a la vez suave, que compré hace poco.
Me encanta.
Me gusta como me veo.
Estoy nerviosa, miro al reloj y espero los minutos para que sean las nueve y suena mi telefono, me sobresalto y veo que es el numero de Hector que me llama, apreto los labios y contesto, solo escucho su voz cuando dice:
—Señorita Johana Clare, estoy aquí esperando por ti.
Me estremezco, me quedo en blanco y afirmo con la cabeza, pero cuando voy a contestar, me cuelga.
Es la hora.
Tomo mis cosas y bajo de mi apartamento, entonces al salir lo veo apoyado en un impresionante auto deportivo color rojo, pero es él el que se roba todas las miradas pareciendo algo alucinante; es tremendamente atractivo como le quedan los trajes oscuros.
Sus ojos claros se alzan y me encuentran, yo me enfoco en caminar sin caerme.
Aquí vamos.