Capítulo 5: El misterio que se trae este hombre
Cuando el señor Back sonríe se acerca hacia donde estoy yo saludándome un beso en la mejilla que me hace sentirlo en todo el cuerpo.
—Te has puesto muy bonita esta noche señorita Clare —dice sin separar sus ojos de mi.
Me gusta ser el centro de su mirada.
Le sonrío, intento aguantar la emoción que se ha aferrado a mi pecho por salir con este hombre tan guapo que encima es mi jefe, pero creo que mi sonrisa que me toca casi las orejas me delata la emoción.
Debo calmarme, debo actuar con cordura.
Siendo realista, creo que nunca había tenido una cita antes, cuando me casé dejamos todo de lado y solo saltamos a ser una pareja que conviva a la fuerza. Estoy nerviosa porque esta es mi primera cita y no quiero abrir la boca por miedo a que empiece mi gonorrea y diga cosas inapropiadas o sin sentido.
Caminamos hacia el auto y él me abre la puerta como todo un caballero, le agradezco y me subo sorprendiéndome al ver que Hector Black tiene un chofer personal, me pregunto si es por lujo o porque él no sabe manejar, aunque también pienso que también quiere beber esta noche y así no corre riesgos.
Uhm, alcohol esta noche, ¿me atrevería a beber con él?
Le saludo arrimándome y el chofer me responde cordialmente, Hector Black se sube a mi lado.
Yo siento que no respiro ante su cercanía, estoy tan nerviosa que mis manos estan completamente frías.
—Tony, llévanos —dice Hector Black y el chofer en completa obediencia arranca, noto como en el auto se ube un vidrio que nos separa como solo he visto en la televisión o en las series de las telenovelas de gente rica y me doy cuenta de que de hecho estoy con alguien rico viviendo una telenovela personal.
Si esto es un sueño juro que no quiero despertar a la fea realidad.
Con Hector Black todo se siente muy emocionante como si fuera tan solo una adolescente en una cita con un chico que le gusta y considera muy por fuera de su liga.
Uhm, vaya con mi baja autoestima que no creo merecer a este hombre.
Hecto Black fija sus ojos claros en los míos, a la tenue luz todo parece más intenso y a la vez me pongo más nerviosa, como si fuera una virgen o una pequeña oveja con un lobo feroz a punto de devorarme.
—¿Está bien?
Que pregunta que me hace, estoy que me orino de los nervios.
—Sí.
—No lo creo —dijo—, estas muy callada, demasiado diría yo.
Yo también sentí que me había comido la lengua el ratón.
—No he tenido una cita antes —respondo cuando logro entrar en razón—. Usualmente cuando salgo con chicos no es...
—¿Sale con muchos chicos? —me interrumpe.
¿Uhm?
Me quedo por un momento algo desubicada, no sé si quiere saber si es que soy una clase de puta que sale con todo los chicos o herí su ego porque él se creía el único capaz de invitarme a salir porque me vio fea o algo así.
No es que sea una monja después de mi divorcio, he salido, pero cosas no tan extravagantes ni tampoco chicos tan extravagantes como él.
—Cuando quiero —respondo simplemente.
No sé si me veo muy corrida de mundo o algo altanera, pero no vivimos en el siglo 18, mis ojos se abrieron el día de que todos decidieron sobre mi vida y luego me la destruyeron también dejándome sin nada.
—Ahora es usted el que está muy callado, demasiado diría yo —replico.
—Solo la miro en silencio, es muy guapa.
Siento que las mejillas se me encienden y sonrio, pero hay algo que me inquieta y le pregunto:
—¿Por qué quería cenar conmigo?
—Porque me agradas —responde sin dudar, pero logro ver algo más en su mirada, picardía.
¿Llevarme a la cama despues de una cena?
No soy de irme a la cama tan rápido, no desde el divorcio realmente, ni nadie nunca me había provocado estar con nadie como lo estaba ahora.
—¿Y por qué la pregunta de que si salgo con muchos chicos? —pregunto sin querer quedarme con la duda.
—Curiosidad. —responde.
—¿Curiosidad? —repito alzando una ceja—. No me digas que eres de los machistas a la vieja escuela.
No soportaría a otro hombre con complejo de macho como pareja.
Él sonrió pareciendo divertido.
—No, para nada señorita Clare.
—Que bueno, porque yo tampoco. —respondo— Por favor… Llámeme Johana o Ana.
Era incomodo que me siguiera llamando como señorita cuando claramente esta no era la oficina, ni mucho menos yo me consideraba una señorita... me consideraba más un intento de señora fallido, claro que eso era más patético.
Él relame sus labios y sonríe mientras se inclina un poco hacia mí.
—Una buena idea, le propongo que también se dirija a mí como Hector —dijo—. Me resulta incómodo que se dirija a por mi apellido lejos de la oficina.
Sonrio un poco, me gusta que él esté siguiéndome el juego.
—Es un trato Hector.
Él extiende la mano, yo se la estrecho y para mi sorpresa, me da un beso sobre ella, siento su toque como si fuera en todo mi cuerpo.
—Lo mismo digo, Ana —añade guiñándome un ojo.
Oh, vaya, vaya que este hombre me erizó todos los vellos del cuerpo.
De repente el coche se detiene y Hector se aleja un poco de mí cuando Tony nos abre la puerta, el primero en salir es Hector y me ayuda a salir ofreciéndome su mano, se la acepto con una ligera sonrisa.
El auto se va y nosotros empezamos a caminar, siento su mano en la parte de abajo de mi espalda cuando entramos al restaurante donde se lee en letras grandes «El paleto». Sé que es costoso, sé que con mi sueldo es imposible comer aquí a menos que al día siguiente me gane la lotería y magicamente alguien me pague todo el alquiler y cosas que tengo que comprar.
Huele divino, es una mezcla de aromatizantes campestres con buena comida. Mi estomago gruñe, estoy muerta de hambre. Un hombre se acerca a nosotros y sonrie diciendo:
—Por aquí.
Lo seguimos, Hector Black me toma la mano y yo no lo suelto, noto como varias chicas voltean a mirarlo y prácticamente se lo comen con la mirada, me siento empoderada al tener al hombre más cotizado del restaurante de la mano, nos guían a un salón apartado por una puerta algo oscurecido porlas cortinas en los ventanales, es lujosa, tienen pinta de costosa por todos lados también, hay una mesa en medio, con varias velas adornando alrededor.
Noto que Hector sonrie al ver como yo me quedo en shock al ver todo esto.
Ni en mis mejores sueños hubiera imaginado algo así realmente.
Quedamos solos, Hector Black me acomoda la silla para que me siente, le agradezco, es muy caballeroso y elegante.
—¿Estas cómoda? —pregunta sentándose frente a mí.
¿Como no iba a estar cómoda?
Todo esta perfecto.
—Por su puesto.
—¿Ya has venido?
Casi me rei, parecía un disparate que me preguntara eso.
—En mi vida nunca. Solo imagina mi salario y piensa en lo que gastaría aquí con uno de esos platos.
Él frunce ligeramente el ceño ante mi sinceridad de ser clase media o posiblemente clase media baja. Toma mi mano por encima de la mesa, su tacto es caliente, muy amable, realmente no esperaba su compasión, solo era sincera.
—Entonces disfrútalo —murmura.
Claro que lo haré, creo que ya lo hago, es una muy buena cita, me gusta todo, desde la compañía, hasta la suave musica que suena al fondo, las luces tenues que hacen de esto algo más intimo y sensual... y mi compañía ¡Dios! Pero que bombón que me acompaña hoy.
El señor Hector Black se echa ligeramente hacia atrás y alza la mirada, casi enseguida nos atiende un camarero trayendo aperitivos y una botella de vino blanco. Él nos sirve y yo disfruto de observar todo hasta que se va dejándonos nuevamente solos.
Hector levanta su copa.
—Salud —dice.
Tomo la copa y lo imito chocando los cristales y lo veo tomar, pero yo disimulo apenas humedeciendo mis labios para alejarlo de mí con una falsa sonrisa. Él no se traga mi mala actuación, sabe que algo anda mal.
—¿Qué pasa? —me pregunta.
—Uhm...
Realmente no quiero decirlo.
—Ven, habla conmigo, Ana —insiste.
Me gusta que me diga Ana, me gusta cuando me trata bonito y está al pendiente de lo que me ocurre.
—Pues, es que no tomo vino —admití, solo probé una vez y me fui en vomito, aunque este tenía mejor buena pinta que aquel que me dieron en una casa de vagabundos con los amigos borrachos de mi ex esposo.
Él sonrie.
—¿Y te burlabas de mí por no tomar cerveza y ser Alemán? —replica.
Siento sonrojarme.
—Prueba un poco, es buen vino, si no te gusta, entonces no tomes más y pido un jugo si gustas.
Claro que sí gusto.
Ahora que estaba probando cosas nuevas me atrevía a arriesgarme.
Pruebo un poco, esta dulce, pero suave, tal vez fuerte el alcohol pero no tanto.
Está muy bueno.
—¿Que tal? —pregunta con una leve sonrisa.
—Delicioso —admito.
El sonríe satisfecho por mi reacción.
—He pedido por los dos mucho antes un plato que sé que te gustará, ¿está bien?
No le refuto, confio en que tiene buenos gustos, y en efecto si lo tiene con una buena comida de parrilla mar y tierra, con un buen postre de chocolate y quedo satisfecha terminando otra copa de vino.
Hector Black ya va por su 4ta copa de vino, parece más suelto y habla de cosas que me mantienen mi humor muy elevado y simpático.
De repente traen otro postre, yo no soy de comer mucho y juro que ya en este punto estoy bien satisfecha, noto que a él no le sirven comida. Él se levanta y se acerca a mi lado sentándose en su silla, me quedo algo confusa y a la vez nuevamente con las hormonas alborotadas ante su cercanía.
Él toma la cuchara pellizcando el postre y susurra:
—Abre grande.
Frunzo el ceño y pestañeo sorprendida.
—¿Uhm?
Sé lo que dijo, no me lo repite, abro la boca obedeciéndolo y él mete el bocado a mi boca.
Joder, esta delicioso, cerro los ojos sintiendo el placer y me encuentro con su mirada, me avergüenzo enseguida pero noto como su mirada se oscurece y eso me empieza a volver calenturienta, todo mi cuerpo se excita.
—¿Qué tal? —pregunta.
—Exquisito —susurro.
—¿Me dejas probar?
Afirmo con la cabeza sabiendo que tiene dobles intenciones, pero no sabía a qué magnitud cuando me besa, saboreando el postre dulce de mi boca, y su lengua me acaricia dejandome más calenturienta que antes, reviviendo lo que hicimos en el salón, me gusta como besa, es salvaje es feroz, me derrito.
Coloca su mano sobre mi rodilla desnuda, mi respiración se acelera y yo no lo aparto cuando empieza a subir por mi pierna...