La noche debería haber terminado hace horas, pero… no. Las cosas que deberían terminar nunca lo hacen cuando estás rota en silencio y nadie lo nota. Chris conduce con una mano en el volante y la otra sosteniendo una lata de energizante vacía que no deja de aplastar. El ruido metálico me taladra la paciencia, pero él no se da cuenta. Está demasiado ocupado mirándome de reojo como si esperara que de repente yo me derritiera entre sus brazos o algo igual de improbable. —¿Segura de que no quieres que te deje en tu casa? —pregunta otra vez. —Segura —respondo sin mover un solo músculo facial. —Tu prima va a matarme —murmura. —Ella prometió que nos quedaríamos juntas —digo—. Yo prometí que la vería después. Así que aquí me tienes. Cumpliendo. Sorprendente, ¿no? Chris sonríe. Ese tipo de so

