5. Logan

1970 Words
Le sonrío cuando me habla, en esa actitud tan desinteresada y natural. Haciendo que sea un jodido loco aferrado a algo que no debería querer. Me pongo de pie nuevamente para entrar a la escuela, pero su voz suave me detiene: — ¿Quieres escucharme? La observo. Esos ojos oscuros mirándome fijamente. Ya caían flequillos de su cabello por su rostro. —Esa es la forma de mandar a la mierda —indago con una sonrisa. —Ella pensó, ¿cómo mandar a la mierda a la única persona que entraba en su refugio y lo volvía hasta más interesante para ella? Le extiendo la mano y ella la toma al instante. De la mano la conduzco hasta mi sitio en esta escuela. Es a cincuenta metros del campo de rugby. Aunque siempre me vieron como al chico al que gozaba de la popularidad, nadie supo que yo escapaba del murmullo de las personas allí. Ella no pregunta nada, solo se deja llevar mirando con mucha atención cada espacio. Solo hay árboles de paso. Hace muchísimo tiempo no venía aquí. El tronco en el que me sentaba está cubierto de hojas. Intento quitar varias para que ella se siente. —Hoy estaremos los dos en un refugio, pequeña loca —le digo antes de sentarme de frente para ella, con una pierna a cada lado del tronco. Y no, no estaba hablando de este sitio. Lo fue una vez. Había mucho más que no contaba y era porque estaba en contra de mis reglas. —Sabes que pocas cosas me sorprenden de ti, Hamill, pero el que tengas un lugar aislado solo para ti, lo hace. Eres el hombre que sonríe cuando una decena de chicas lo acosan con la mirada y sonrisas. ¿Por qué demonios alguien como tú querría alejarse del mundo? —Porque el mundo es aburrido, básico y plástico. —Yo formo parte del mundo... Otra vez le sonrío. No sabes nada, nena. —Cuéntame —demando. Ella se gira, de frente también para mí y deja sus piernas sobre las mías. El grosor del tronco hace que tenga que abrir las piernas más de lo que podría dejar mi control a raya. Su falda no es capaz de cubrir la fina braga que poco cubre su coño. Pero Allison juega con mi control mil veces y aunque no logre quitármelo, sigue intentándolo mil más. Cuando llevo mis ojos a su rostro, esta mostraba una sonrisa. —Narra Hazel. Capítulo doce —dice—. Después de tanto pensarlo, había una forma de no matarme lentamente, sino de llevarlo conmigo. El visitante de muchas camas, el preferido de muchas sábanas; era el tío con el que estaba obsesionada yo. —La empleada de su casa me conocía. Tal vez era su pena por mi alma, la que le hacía que me ayudara a pasar dentro sin tener líos. Bajé las escaleras que conducían a su salón y a paso firme me dirigí hasta él. Su cuerpo descansaba sobre un sofá, en el que bebía calmadamente una budweiser. Me desnudé frente a él, ganándome completamente su atención. Esta era mi maldita forma de salir vencida, tomarlo como una máquina para mi placer. Algunas personas lo llamarían locura, pero, son solo secretos que una chica tan pasiva a la vista de los demás guardaba dentro. —Caminé despacio hasta sentarme a horcajadas sobre él. Sus ojos me miraron hambrientos así que no los perdí de vista. Tomo sus labios en un beso ardiente, largo e intenso. —Tengo que decirte algo... —informó. —Tú y yo solo compartimos esto, las conversaciones están demás —le dije con toda la seguridad de los pensamientos que fui tejiendo en mi cabeza por horas antes de presentarme frente a él. —Tomé el borde de su jersey y lo subí sin demoras, dejando su apetecible abdomen a mi merced. Toqué todo lo que quise, incluso me llené de ello. —Se levantó con fervor del sofá llevándome con él a horcajadas. Me dejó sobre la mesa de billar, besándome a su paso por todo mi cuello. Era intenso, desbocado, loco y no se detenía. Después de todo lo que había planeado y seguía aferrándose a su control. Ella esboza una sonrisa leyendo y yo la analizo con mi mirada. —Su besos descienden por mi abdomen, haciendo latir mi corazón de prisa. Tiene la habilidad de tocar y estremecer, como buen experto en escena. Sigo preguntándome por qué elegí a este tio para desear más allá de una cama. —Su boca llega a mi pelvis y recorre con la punta de su lengua ese sitio. Seductor y confiado de todo los estragos que está causando un poco más abajo. Con su propia mano acaricia su abdomen y yo miro tal acto, entendiendo lo que desea y sabiendo que volverá a ponerme el control en un maldito hilo. Tomo el libro, ganándome su mirada confusa. —Quítate la braga —ordeno y ella manteniéndome la mirada lo hace. Allison jamás se ha puesto nerviosa ante mí y esto es otro de los tantos actos que la hacen ser mi maldito talón de Aquiles. Vuelve a colocar sus piernas abiertas sobre las mías. En todo el tiempo que llevamos jugando a esto, jamás se ha puesto una fina lencería o unos tacones kilométricos para seducirme. Allison, siempre es Allison en toda regla. Parece la jodida chica tranquila y pacífica que cumple órdenes y espera la voluntad de alguien, una chica aburrida. Cuánto se equivocan los demás y cuanto me alegro que eso sea así. Por eso me cabreé tanto cuando le mostró su verdadera personalidad a ese tio en el baño. Un puto egoísta soy, por mantenerla aquí, solamente para mí, cuando le estoy negando prácticamente todo: los toques, los besos, las caricias, las folladas. No tengo intenciones de dejar de ser un puto egoísta tampoco cuando se trata de ella. —Narra Zane —digo tras buscar el nombre del protagonista. Seguía el capítulo contado por ella, pero el cambio lo hacía yo—. Sabía cuánto deseaba ese toque y no tenía ni puta idea de cuánto yo quería explorarla con mi propia lengua. Bajé un poco más, lento, haciendo que su respiración se volviese un caos y las caderas las moviera con exasperación porque avanzara más. —La observaba tocarse mientras yo seguía leyéndole—. Chupé con devoción su clítoris y el gemido que no logró contener empezaba a causarme estragos. Llevé un dedo a su entrada gozando de su humedad y jugando con su placer, en un acto de introducir el dedo y no hacerlo. Lamí con insistencia todo su sexo llevándola al éxtasis. Deseaba como una maldita droga esto y nadie, ni siquiera ella lo sabía. La embestí con un dedo mientras mi boca seguía apoderándose de sus últimos minutos de placer. Su mano se aferró en mi cabeza y los gemidos altos me hicieron ser más adicto. Intentó cerrar sus piernas, pero la detuve en el intento. Allison gime sin contención alguna y yo, observo y siento como puedo explotar en cualquier momento. Dos putos años así ya me están dejando jodido. Toco su muslo y me aferro a él. No puedo hacerlo, no puedo recorrer mucho más. Ella no lo entiende, pero solo intento protegernos a ambos. —Mi boca devoró con precisión cada milímetro, apoderándose aún más de lo que ya había reclamado suyo. Un grito me advirtió y no di tregua. Sus temblores aparecieron y seguí aferrándome con ganas a su coño, presenciando con mi propia boca su orgasmo. Dejé de atender el libro para mirar a la pequeña loca. Cómo se da placer, cómo me observa fijamente a los ojos mientras está a punto de correrse. Aprieto, con mucha fuerza mi mano en su muslo y explotó. No sé cómo demonios aún no me había robado el puto control. Cuando su cuerpo dejó de estremecerse y dejarme en un punto loco, me dijo desde su posición: —Quiero que me sigas leyendo. — ¿Es una orden? —cuestiono y ella sonríe. —Lo es —asegura. — ¿Que te hace pensar que yo cumplo órdenes? —Mi necesidad de quererte en el refugio un poco más —comenta. La forma tradicional de ganar batalla no la utilizaba. Se auxiliaba de sus mejores estrategias para lograr su cometido. Nunca fui un devorador de libros, sin embargo, desde que ella comenzó a volverse adicta a ellos, yo me volví adicto a observarla en su refugio. Cuánto se equivocan los hombres con las chicas que leen libros. La ven aburridas, perdidas de este mundo, calladas e imaginan que son la tranquilidad y sequedad personalizada. Sin embargo, dominan más mundos de los que conocemos nosotros. Se imaginan un millón de cosas de la que nosotros no tenemos idea. No importa cuánto ocupes, nunca tendrás todo el dominio de su mente, siempre hay más; más mundos, más historias, más sensaciones, más ideas. Y si se aterriza en estas novelas eróticas, joder, cuánto placer es capaz de darte si le das pie a ello; cuánto es capaz de provocarte; cuánto es capaz de ofrecerte. —Ella pensó que ahí no terminaba, sin embargo, me separé despacio, viendo la confusión de su rostro. La observé por casi un minuto, tan disponible para mí, tan mía, porque todo lo que ella era lo tenía yo, solo yo. —Voy a casarme —le informé y lo que vi en su rostro no me gustó. La chica que simulaba solo entrar interesada en el sexo, estaba triste por tal confesión. Allison se queja y suelta mil maldiciones, sonrío, se toma la lectura muy en serio. —A veces quisiera ser un hombre de tu barrio, así no habría perdido más tiempo y tomaría tu mano —dije pero no me acerqué a ella. No podía darle las muestras de cariño que no le di justo ahora, que me estaba despidiendo—. Pero aquí, hay funciones, obligaciones que no puedo pasar de ellas. Allison cierra el libro de pronto. —Es un cobarde —apunta. —No lo es. Simplemente intenta no hacer daño. Tu padre vive por ti, jamás te obligaría a casarte con un hombre para su interés o el de la empresa, pero eso no significa que a algunos les toca hacerlo. —Sigue siendo un cobarde —repite. — ¿Qué tal ella? —cuestiono—. ¿Por qué no se mantiene firme a lo que quiere? ¿Por qué intenta mostrar que solo busca sexo cuando en realidad no es así? — ¿Qué demonios quieres que haga si él se mantiene reacio a toda muestra de sentimientos? —indaga—. La única forma factible es jugar el mismo juego que él. — ¿Le servirá de algo? —pregunto—. ¿Tú crees que ella le gusta porque se desnudó frente a él y se sentó a horcajas incitando al sexo? —Si le gustara cambiara su mundo por ella. Los hombres que amamos las lectoras, son así, locos, posesivos e intensos. —Los hombres que aman ustedes, son idealizados por otras mujeres y ni así pequeña loca, ningún protagonista de los libros que has leído muestran a un tio perfecto. — ¿Qué tú harías en su sitio? —pregunta observándome. —Fácil pequeña loca, no casarme. No es un término para mí. —Yo, siendo ella; iría a esa boda justo cuando el juez preguntaría por quién se opone. Salidaría con una sonrisa y me sentaría a pocos pasos de él. La forma más dolorosamente real de saber que los pensamientos o planes con los que fantaseaba en su mente deberán irse de una puta vez y a él le mostraría los contras de su decisión.
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