A las cinco de la madrugada, cuando las luces aún permanecían encendidas en la ciudad, corría por las calles más céntricas de Collow Hollow.
Unos pasos débiles se intentaban aproximar a mí. Tenía la certeza de que era Ginebra. Como todos los malditos días en los que se esforzaba en levantarse temprano para hacerlo. La chica que no es fan del ejercicio.
No quiero que ella finja interés en algo que no le gusta, solo para asegurarme luego en alta voz que tenemos los mismos intereses. Ni siquiera estoy seguro ya que sea el trabajo que realizo una pasión para ella.
Ginebra es la chica que vive para contribuir con tu éxito profesionalmente. La que trabaja para dejarte y dejarse, si estuviésemos juntos, una reputación impecable ante las cámaras o la prensa. La que está al pendiente de las noticias y los nuevos escritos sobre economía. Es la calma personalizada, las conversaciones profundas de temas profesionales y los intereses en la misma dirección.
¿Cómo le explico a esta chica sin joderle la vida que no es esto lo que me interesa, por muy beneficioso que sea?
La jodida chica que se ama a ella misma, se engrandece a ella misma, se toca a ella misma y si la dejas, se devora a ella misma para tu propio placer. La chica que a lo que le gusta o le provoca interés defiende. Que no vive para complacerte a ti, vive para asegurarse de que todos los placeres los gane ella. La que te comenta con devoción sobre sus aficiones y te escucha si hablas de las tuyas, aceptando y gozando cada uno de los distintos gustos que tenemos. La locura personificada, los placeres sin vergüenza, las ganas mostradas, las conversaciones directas y el dominio.
Después de hacer el recorrido diario vuelvo a mi departamento. La ducha a las seis y media que antecede a caminar con la toalla en la cintura hasta la sala, donde me preparo el desayuno atendiendo las noticias que me interesan sobre la industria.
Tomo una camisa blanca, remangándola hasta mis codos, dejando los dos primeros botones sin abrochar. Pantalones blancos a medida y tenis del mismo color. Recojo el reloj y lo coloco en mi muñeca. Mucho del perfume amaderado.
Tomo el BMW y salgo del edificio con destino a la casa de mis padres. No hay un solo día en el que yo pueda pasar de la preciosa pelirroja que me dio la vida.
Me encuentro a mi padre justamente saliendo. Me bajo del auto hasta alcanzarlo, él hace lo mismo.
—Papá.
—Hijo ¿Estás lidiando bien con los negocios? —indaga mientras me saluda. Liam Hamill me conoce a mí pero yo también lo conozco bien. Cuando habla de negocios estamos hablando más que de mi empresa.
—Mientras tenga el control de todo, seguro.
—Nosotros cuidamos a las mujeres de esta familia y estoy jodidamente claro de que eso te lo enseñé bien —dice antes de darme una palmada—. Tú eres mi orgullo, c*****o.
Soy muy reservado con mis cosas y lidio con ello por mi cuenta. Mi padre desde crío ha conversado conmigo y guiado todo lo que ha podido; aún hoy lo hace. Sin embargo, soy malditamente independiente. Mi vida no es un tema de conversación con nadie.
Las palabras de mi padre indican que se ha dado cuenta de que la pequeña loca de Allison y yo, estamos caminando por otro sendero que no ve la palabra primos por ningún lado.
Es que no lo somos. Andrea, Enzo y mis padres se quieren como hermanos, pero la sangre lo niega en toda regla.
Creo que desde que era una niña, loca como una cabra, dejé de verla como la prima pequeña.
Entro a ver a mi madre. Estaba delante del espejo observándose.
—Han pasado mucho los años —dice bajo.
Me detengo a su espalda y beso su cabeza. Han pasado los años sí, pero esta mujer sigue siendo preciosa. Tan natural, tan única, tan especial. A Eileen Evans también le debo mucho por lo que soy.
Intenciones de llevar al altar a una mujer, no tengo. Tampoco bajo la luna. No dedico canciones. Ni las sumerjo en corazones rojos. En cambio, levantarles la voz no es algo que se ganen nunca; acompañarlas a la salida, pedirles un taxi e incluso besar su mejilla como despedida es seguro.
No lo hago para que digan que soy menos canalla por solo buscar sexo; lo hago porque esta pelirroja me enseñó a tratar bien a una mujer.
¿Qué solo me interesa la cama? Sí, pero solo llega a ella quién exclusivamente busque eso.
—Han pasado los años pero tú sigues deslumbrando mamá —le digo girándola hasta tenerla de frente a mí y de espalda al espejo—. ¿Por qué estás castigándote con la mirada? —indago y vuelvo a girarla hacia el espejo—. Mira tu rostro, joder, sin una gota de maquillaje y aún así eres hermosa. Tienes la piel más cuidada que cualquier chica de mi edad. Buscas los vestidos más sencillos y aún así, pareces hecha en perfección. No hay un jodido día en que transmitas vibras negativas y al hablar con alguien eres jodidamente dulce. Nunca tratas mal a los demás y siempre luces esa sonrisa preciosa. ¿Por qué diablos estás sintiendo inseguridades ahora mamá?
Eileen Evans sonríe y una lágrima escurre por su mejilla.
—Soy una mujer con suerte —comenta girándose para abrazarme. Es más pequeña que yo—, de tenerte a ti como hijo.
— ¿Quieres recorrer la ciudad? —pregunto.
—No, universidad y trabajo, esas son tus prioridades ahora...
—Te equivocas, mi madre siempre será prioridad...
—Cuando conozcas a una chica y la conviertas en tu mujer, no quiero escucharte decir eso Logan —regaña—. Te enseñé que la mujer más importante de tu vida, no era mamá, era tu esposa cuando la tuvieses. El amor de mamá no disminuirá porque la prioridad sea ella. Es la prioridad porque requiere de atenciones de su hombre, de tiempo, de comodidades, de cariño, de protección. Yo lo recibí y recibo todo de tu padre, soy su prioridad; así que cuando tengas mujer es ella tu prioridad.
—No la tengo Eileen Evans y no es un plan anticipado —contesto y ella empieza a reírse.
—No puedo evitar verte ahora y guardarme la frase «hijo de tu padre»
Voy a la universidad a tomar los tres turnos de la mañana. Me voy a la oficina intentando huirle a Ginebra en el almuerzo pero aquí aparece con sushi.
—Estos son los diseños de los turcos —dice ella mostrando un sobre antes de probar el almuerzo que trajo.
—Ginebra yo ya conozco sus diseños y tengo claro los míos —apunto—. No te preocupes por ello, llevo más tres años en esto.
Ella asiente y deja el sobre a un lado.
—Solo quiero ayudarte —expresa pasando de la comida también.
—Gracias, hermosa; pero yo me ocupo —dejo claro, regalándole una sonrisa—. ¿Quieres ir por hamburguesas para ti?
—No —casi grita alarmada—. No me gustan.
No es que no le gusten, es que le produce un miedo atroz aumentar el peso. La educaron para buscar la perfección en el cuerpo y comer pura hierba.
—Está bien —comento mirando el reloj de mi mano—. Volveré a trabajar.
— ¿Puedo quedarme? —cuestiona y yo, intento buscar una forma sutil de decirle que no.
Mi móvil suena y antes de responderle lo atiendo.
—Director Holmes —digo tomando la llamada.
—Logan, ¿puedes pasarte por mi oficina?
—Cuente con ello —respondo y cuelgo.
—Tengo algo que hacer, Ginebra. Nos vemos mañana —le digo levantándome de la silla para marcharme.
—Más tarde...
No dejé que terminara la frase porque ya había atravesado el umbral de la puerta.
De camino a la Elementary Heirs llamo a mi padre.
—Hijo.
— ¿Has cambiado algo en tu actitud con mamá? —indago.
—Sí, lo he hecho —asegura—. Hace una semana estuve trabajando en casa para el desfile. El ver a la modelos le ha recordado el tiempo donde ella también lo hizo. Se ha llenado de inseguridades ahora, debido a la edad. Antes, me creía cuando le decía que estaba hermosa, no importa cuantas veces se lo repita ahora, no me cree. Hemos estado todo el tiempo acompañados por los demás, no hemos tomado más viajes solos y eso es mi culpa. Así que tendré que demostrarle, en vez de decirle que está hermosa. Esa mujer después de tantos años, aún no entiende que es mi vida entera. Me la llevaré de viaje por dos semanas.
He visto mucho tiempo a Liam desvivirse por Eileen. Sé que la quiere con locura. Mantener una relación como la ellos llevan por años, sin problemas, sin jodidas infidelidades, sin monotonía, sin malos tratos, envueltos en un amor intenso, es un logro, un don que no todos pueden disfrutar.
En mi caso, no busco ni intentarlo. Con verlos a ellos así, ya yo estoy satisfecho.
—Hoy la encontré frente al espejo y no me gustó como se miraba. Eileen no es así. ¿Cuando sería?
—Mañana mismo —asegura—. Ve para la cena a casa.
***
Entra a la Elementary Heirs y estaciono el auto en el parqueo. Tomo mi móvil y salgo de este dejando la alarma antes de cruzar el espacio delantero donde gran cantidad de estudiantes se paseaban.
Dos chicas arman gran alboroto cuando se cruzan conmigo y les sonrío. Qué voy a hacerle, un tío arrogante no soy.
Ellas no son las únicas, me cruzo de camino con otras que mantienen la misma postura y sigo devolviendo una sonrisa.
Al final de mi camino, hay una chica sentada en el suelo, con las piernas estiradas y un libro en manos. Su cabello n***o y largo le cae en reiteradas ocasiones delante; le hace una vuelta que le dura poco menos de un segundo. Levanta la mirada de su libro, cuando las chicas más próximas a ella desatan una algarabía ante mí y vuelve a concentrarse en el libro. Sonrío por su acto, siempre ha sido así, jamás ha desatado alboroto al verme, ni cuando era una niña. Lo único que conocen los demás que le gusta a Allison es leer, fuera de eso, nadie puede descubrir que tanto le pueden gustar otras cosas, pues se muestra inmune a todo lo demás.
Le recojo el pelo con el hilo rojo que siempre llevo en mi muñeca y beso su cabeza. Levanta la vista del libro, pero no lo cierra indicando que no pasará de él ahora.
— ¿Cuántas horas llevas aquí? —pregunto y ella enciende su móvil para mirar la hora.
—Una, en cinco minutos tengo otra clase. ¿Tú qué haces fuera de tu imperio de tacones?
—Tengo que tratar un tema con el director. El que una chica esté en el suelo en plena entrada, le quita prestigio a la escuela —digo.
No lo hace, joder, es lo que llamó mi jodida atención cuando entré aquí.
—El que entren personas que se meten en lo que no le interesa también —responde y vuelve a atender su libro.
— ¿Interesante? —pregunto acuclillándome delante de ella.
—Estoy en la parte donde él no la deja leer el libro en paz. Sí, me parece interesante. Ansiosa porque llegue el momento de mandarlo a la mierda. Por lo que entiendo, a la chica le falta poco.