3. Allison

1373 Words
El almuerzo familiar transcurre bajo muchas conversaciones informales, risas y momentos cariñosos entre muchos. Esta gran familia, con la ausencia de los miembros mayores, seguía siendo solo una. Nos tomó muy tarde el encuentro y solo fuimos abandonando los más jóvenes y solteros. John fue llevado por su amigo Lucas, Ashley se fue con su novio, Lia y yo pretendíamos volver a nuestro rincón literario, pero la voz insoportable de Ginebra detuvo todos mis planes. La chica perfecta para Logan, era esta. Asistían a la misma universidad, compartían los mismos intereses, incluso el color del cabello. Chica recatada e intentando siempre sudar perfección. Mientras yo devoraba novelas eróticas, ella libros de gestión empresarial y marketing. No, el apartamento de Logan, no era para ella. Es la chica que se guarda para un millonario que la tomase por esposa, mientras ella contribuía desde casa en su éxito. El vestido que uso yo, ella ahora mismo lo mira como si fuese vulgar. Después de saludar a mis tíos Liam y Eileen, se detiene frente al rubio. ―Los turcos han lanzado nueva tendencia, necesitas trabajar en nuevos productos ―dice ella―. ¿Quieres ir a casa y te ayudo? Logan sabía lo que hacía y si algo no le agradaba era que le dijesen el momento exacto de hacer algo. Era un maldito meticuloso con su negocio, nadie, ni siquiera su padre le tenían que decir por donde dirigirse, porque él llevaba su propia estrategia. Desde que empezaron a estudiar juntos, Ginebra ha participado en sus actividades pues el padre de esta cuenta con una importante cadena de tiendas donde se comercializan los zapatos que produce Heelin, la productora de calzado para mujer, de Logan. ―Voy al club ahora ―informa el rubio. ―Te acompaño ―responde de inmediato. Mientras yo buscaba explorarme yo para hacerlo caer, ella intentaba ser como él para lograr lo mismo. Dos chicas con actuares distintos y un mismo objetivo. Se marchan y yo, miro a Lia analítica. ―No es buena decisión ―comenta―. Voy a leer.―Informa antes de girar sobre sus talones dispuesta a marcharse. Le tomo la muñeca y la freno en el intento. ―Reese ¿puedes permitir que Lia-bear vaya en mi compañía al club? Incluso llamar al portero para avisar. Reese nos observa serio, estudiándonos. ―No sé si el que vayan en compañía una de la otra me genere confianza. Sin embargo, el que mi hija se esté convirtiendo en una polilla de libros me incita a permitirle interactuar con el mundo exterior. Hablaré con el portero. Peque, lo que hemos hablado sigue siendo válido. Reese y Lia eran como mi padre y yo o como Aiden y Kim. No sé si se pusieron de acuerdo los que tuvieron hembras para adoptar esa postura, solo sé que somos unas afortunadas. Lia tiene quince, pero al andar juntas desde cría la ayudó a actuar como si tuviese dieciocho. No se confundan, sigue siendo virgen, esperando por el encantador Lucas. Con un vestido ajustado gris y un par de tenis blancos, mi cabello n***o suelto, mis pestañas resaltando con rímel y mis labios pronunciados en un tono carne; camino por el medio del club. La música retumbaba y las personas parecían ser incansables mientras no cesaban sus movimientos. Voy directo a la barra a pedirme un Martini Royale. Lia me acompaña, sabe beber, lo que solo lo hace cuando ella quiere. Tampoco necesita de una bebida para situarse en el medio de la pista y moverse sin penas hasta que amaneciera. Esa parte de sociable y antisociable a la vez, creo que lo ha tomado de mí. Ese tono de llamada cercano, lo reconozco por encima de la música. Giro mi cara para encontrarlo mirándome mientras se lleva el móvil a su oído. Solo dijo una palabra y colgó, aunque sus ojos siguieron posados en mí. Bebí un trago de mi Martini y pasé la lengua apropiándome del poco líquido que quedaba mojando mi labio. ― ¿Tienes a tu cargo a tu primita? ¿Por qué viste vulgar tan pequeña? ¿Por qué le permites tomar? ―le pregunta la rubia alto a Logan. Sonrío antes de pegar la copa a mis labios y beber otro trago más. Intencionalmente dejo que un poco de la bebida se deslice fuera de mi boca. Dejo la copa sobre la barra y paso mi dedo medio por la comisura de mis labios, retirando el sobrante de líquido y devolviéndolo con mi dedo a mi boca. Saboreo mi propio dedo en el acto y camino hasta la pista de baile. Me muevo al ritmo de la canción Me observo con ganas yo misma mientras bailo. Soy capaz de tocarme por encima de las tetas, las caderas, el abdomen y los muslos. Seduciéndome, provocándome, atendiéndome yo misma ahora. Atrapando en mi baile a ese par de ojos verdes y otros carmelitas. Vuelvo a la barra, observo a Ginebra antes de gozar de otro trago de Martini. ― ¿Por qué demonios piensas que mi primo tiene algún poder sobre mí? ―le pregunto a ella antes de mirar a Logan y sonreír de una manera provocativa que me fue imposible evitar. ―Eres una ni… Sus palabras quedaron suspendidas al aire cuando alguien se ubica a mi espalda. Observo en tal dirección y me encuentro con el chico propietario de esos ojos carmelitas que me observaban en la pista. Se acerca a mi oído y susurra: ―Podría pasarme horas viéndote bailar. ¿Me darías la dicha de un privado? Lo observo directamente a los ojos mientras camino hasta el baño de los hombres. Espero que salgan dos de ellos y entro. La música se escuchaba perfectamente aquí. Vuelvo a moverme despacio mientras atiendo mi cuerpo, mientras me toco con hambre. Llevo mis manos al borde del vestido y lo subo lentamente. Tomo el elástico de la braga y la bajo hasta retirarla completamente. Él, que aparenta más años que yo, se queda a dos pasos observándome. Me subo al lavabo mientras abro mis piernas. ―Tu pago por el baile privado ―demando―. Lámela. El chico se acerca con prisa hasta dejar sus labios sobre mi coño. Lo observo demandante, exigente desde mi sitio. ―Baja un poco más la lengua ―ordeno―. Chupa justo ahí. Este era el maldito lío de conocerme yo, más de lo que me conocían los demás. Siempre tenía que indicar como hacerlo y esto me hacía perder todo el encanto. Observo a Logan irrumpir en el baño. Mis ojos se mantienen fijos en él, incitándolo a mirar. Se acerca tres pasos y toca en el hombro al chico de ojos carmelitas. Cuando el chico se gira, Logan le da un puñetazo impidiéndole reaccionar. ― ¿Quién cojones dices que puedes probar eso? ―inquiere Logan antes de darle otro puñetazo―. ¿Quién te dice que la propiedad está en tus manos o en la suya? El chico lo mira preso de la furia y camina hasta la puerta advirtiendo de algo. Logan hace como si tales palabras no le preocupase en lo absoluto. ―No tienes libre andar, Allison ―exige en mi oído con voz demandante mientras agarra mis caderas y me desliza por su muslo, dejándome ahí. Se produce un roce de mi coño desnudo con su ropa, pero es una fricción que unida con su voz libera mucha humedad―. Solo te tocas cuando te esté viendo yo, solo te corres conmigo a varios pasos y solo yo dispongo de tu cuerpo. ―No me van las reglas ―suelto y provoca más fricción de mi carne sobre su muslo, haciéndome soltar un gemido. ―Tengo toda la paciencia del mundo para hacerlas cumplir ―declara rozando con más rapidez. Me voy a correr sobre su muslo, sin ni siquiera tener contacto directo con su piel. Me quedo en silencio, disfrutando del orgasmo que se avecina cuando Logan se detiene. ―Antes de tú aprender a conocerte, yo ya lo hacía ―comenta con la voz ronca―. No vuelvas a entregar algo que no es tuyo. Hace años, todo esto me pertenece.
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