No iba a negarlo. Tenía miedo. Ir allá, con su familia me llenaba de temores y no sabía qué tipo de temores. Después de ese sábado cada vez que sonaba su condenado teléfono temía que tuviésemos que salir con o sin maletas a Europa. Para mí se aprovechaban de la situación, si es que esta existía. El cuñado que no conocía horarios, la llamaba a placer y el hermano le hacía ofertas provocativas que en este país nadie desaprovecharía, y ya Yvonne conocía un poco de ésta economía y lo beneficioso que sería aceptar sus ofertas. Sin embargo, cumplí con mi deber como su esposo, llamé a Jasper y le pedí se encargara de los pasajes y pusiera en orden algunas de mis cosas para poder viajar sin problemas. Él, como yo, no se mostró muy contento con la idea del viaje, pero si llamó a su amigo y se pu

