El rubiecito me dijo que quería que nos sentáramos un rato en un lugar que fuese solo y agradable, así que conduje por un largo rato hacia uno de los miradores del norte de la ciudad (porque nosotros como tal vivimos en las afueras) y él pareció muy emocionado cuando llegamos. Eran pasadas las nueve de la noche, el lugar estaba prácticamente solo, así que nos sentamos sobre la hierba.
Hoy iba vestido de forma más casual, pero creo que lo hizo porque pensó que ya no iba a llegar y se cambió, pero aun así siempre resaltaba y no lucía como el resto. Elijah era tan jodidamente diferente, pero en un buen sentido. Era fascinante, tal vez por eso deseaba mantener mis manos más en él que en cualquier otro lugar, pero trataba de contenerme y solo lo hacía de forma casual, tratando de disimular.
Él estaba a mi lado y por algún motivo estaba algo empalagoso, recostado en mi hombro y yo no sabía bien qué hacer, nunca he sido de tener momentos así, ni siquiera con las chicas que he salido ha sido así, siempre voy a lo mío y luego con excusas me voy.
Creo que era la primera vez que vivía un momento así con alguien y se sentía… extraño, ciertamente aterrador, pero me forcé a dejar de pensar en eso.
—¿Por qué estás pegado a mí así? Tanto que profanas no ser gay y mira —me burlé y él se separó un poco, mirándome entre risas.
—¡No lo soy!
—¿Y entonces? ¿vas a negar que ya estás enamorado de mí?
—Eres un idiota, no lo estoy. Solo me siento cómodo así y ya.
—¿Ah sí?
—¡Sí!
—Bueno, deja de chillar y ven aquí, te quiero besar.
—¿Sólo besar?
—Jajá, solo besar. Te prometo que tendré mis manos lejos de ti —dije y él asintió, me miró con una sonrisa.
Lucía feliz, tal vez mucho y no entendía por qué, así que no me lo pensé mucho y solo lo besé.
Dios, no sé qué tenían los labios de Elijah que eran tan malditamente exquisitos. Era adictivo besarlo, me costaba detenerme y perdía la compostura. Me gustaba su sabor, cómo su piel empezaba a arder a medida que lo besaba y la forma en que se entrecortaba su respiración. Me moría por hacer mucho más, al menos tocarlo, avanzar de alguna manera, pero sé que no es lo que quería y no soy tampoco un idiota como para hacerlo en contra de su voluntad, pero… nos besamos con tantas ganas y por tanto tiempo que mis labios dolían, el bulto en mi pantalón estaba a reventar, pero aun así me contuve porque se lo prometí, pero él no me lo hacía nada fácil cuando con sus brazos rodeaba mi cuello, acercándome más a él y lo escuchaba jadear.
Mordí su labio inferior, Elijah gimió y me detuve.
—Creo que debemos parar —dije y él me miró angustiado.
—¿Por… por qué? ¿te mordí o lastimé?
—No, es que mira como me tienes —le dije y tomé su mano acercándola hacia mi erección y lo vi morder sus labios cuando se percató de mi estado—. No puedo asegurarte que si te sigo besando no buscaré tocarte o algo más, ya se me pasará. Mejor vamos a otro lado, te invito a cenar o a un bar, lo que quieras.
—Está bien, vamos…
Conduje esta vez solo por un par de segundos porque me detuve a solo dos calles, en un bar que quedaba en el mirador, pero no nos sentamos allí, Elijah pidió una mesa dentro del lugar en el fondo porque dijo que quería escuchar la música, sonaba una canción de Def Leppard que se llama Bringin’ on the heartbreak y pedí dos cervezas.
La bebí entera de un solo sorbo mientras Elijah apenas había bebido solo un poco y me observaba, divertido. Pedí de inmediato otra y él rompió en risas.
—Estás conduciendo, ni deberías beber.
—Con que beba unas cuantas no pasa nada.
—¿Por qué bebiste la primera tan rápido? —preguntó y justo en ese momento me trajeron la otra y bebí un solo sorbo.
—Tenía calor por culpa de cierta persona —dije y él me miró con una sonrisa.
—Lo siento…
Pasó un largo rato en que solo charlamos y bebimos un poco, pero a eso de las once, Elijah me besaba mucho y como me era difícil rechazarlo, no pude hacerlo, pero luego cuando el beso se volvió fuerte y de nuevo, empecé a perder el control, así que tuve que detenerlo y me miró desconcertado.
—Julián…
—Estás matándome.
—¿Por… por qué?
—Si me sigues besando así no me voy a contener, espero que lo sepas. No soy tan fuerte.
—Mmm.
—Mantente lejos si quieres resguardar tu seguridad —le dije, pero por la forma en que me miró con tanto deseo que se le desbordaba por sus ojos, supe que él estaba igual o peor que yo.
Con sus manos desabrochó mis jeans metiendo su mano derecha dentro de mis boxers y miré alrededor, estaba oscuro y como estábamos al fondo nadie podría vernos o no lo sé, no estaba seguro, pero no podía pensar con claridad. El sujetó mi erección con su mano y mordió mi labio inferior mientras me masturbaba.
—Tócame también, ¿sí? —pidió entre susurros y sonreí, altamente complacido al escucharlo.
—Claro que sí.
Metí mi mano dentro de sus jeans y tomé su erección que estaba a reventar y empecé a estimularlo mientras nos besábamos, pero lo hacíamos muy fuerte, tanto que dolía y mordía sus labios, nuestras lenguas jugaban con tanto deseo que alucinaba. Sé que este no era el mejor lugar para hacer esto, podrían vernos e incluso arrestarnos por hacer este tipo de cosas en público, pero el rubio me sacaba fuera de mí y no podía controlarme. Ni mierda, no lo haría.
Elijah gemía muy fuerte y por dios, el verlo disfrutar así por mí me prendía de una manera que no puedo explicar. Era una fortuna que la música estuviese fuerte o lo habrían escuchado, pero aun así eso ni nada iba a detenerme.
Seguimos besándonos y tocándonos por mucho tiempo, pero cuando vi el orgasmo asomarse, Elijah se puso de rodillas frente y mordí mis labios al sentir su lengua cálida recorrer la longitud de mi m*****o, con deseo. Maldición, esto se sentía tan jodidamente bueno que sabía que no iba a soportar más, no al tenerlo así solo para mí, así que tomé su cabello tomando el control sobre él y sin piedad alguna empecé a follar su boca.
Elijah parecía disfrutarlo mucho porque lo escuchaba gemir y estimulaba su propia erección y por dios, me encantaba verlo así, como su boquita húmeda me complacía, pero al necesitar más, lo embestí más fuerte, hasta su garganta y lo escuché dar arcadas, sé que le costaba respirar, pero el deseo me dominaba y no iba a detenerme, así que lo follé hasta su garganta llenándolo por completo de mi corrida y pocos segundos después lo vi terminar también.
Limpié el sudor en mi frente y acomodé un poco mi ropa. Miré con una sonrisa al rubiecito junto a mí, quién al recobrar la compostura buscó limpiar un poco el desastre que hizo al terminar en el piso y luego acomodó su ropa, pero me acerqué a él y mordí su oreja.
—No te arregles porque lo que planeo hacerte no incluye ropa, mejor vamos a mi apartamento. Quiero besarte todo, ¿sí? ¿vamos? —le susurré y se sonrojó aún más de lo que estaba.
—Sí, sí quiero, dios… —dijo con una sonrisa de malicia y lamí su oreja, él sonrió—. Pero mejor en mi casa, ¿está bien?
—Donde quieras.
—¿Te quedarías a dormir conmigo?
—Claro, ¿por qué no? —respondí y besé su cuello, lo besé tal vez mucho y él solo reía, divertido.
—Vamos —dijo entrelazando sus dedos a los míos de forma tímida y la forma en que me miró, esa jodida mirada me hizo entender que tal vez yo con mis actos impulsivos pude joderlo todo.
Era evidente, Elijah me miraba con tanta emoción que me hizo sentir culpa, porque sé que podría esperar cosas que nunca podría darle. Esto es lo que soy y siempre seré, no puedo ni sé dar algo más a nadie, pero no tenía idea de cómo iba a arruinarnos tanto este “algo” que apenas empezaba, que para uno de los dos tal vez podía no significar nada, pero para el otro, serlo todo.