7.

1664 Words
Me encontraba estacionado frente a la enorme mansión campestre en la que vivía Elijah. Fue jodidamente complicado llegar, vive en una urbanización privada frente al lago en la que vive la gente más poderosa e influyente de la región. Básicamente es un vecindario de políticos, gente repleta de millones, pero no como la gente de mi vecindario que de por sí es adinerada, pero lo normal, no exagerado como esta es gente que puede comprar equipos de fútbol si lo desean. Mueven el mundo a su antojo y acumulan solo cifras de varios dígitos por segundo. Me bajé de la moto y me quité el casco, lo dejé sobre esta y me acerqué a la puerta, pero antes de tocar, vi al señor Osvaldo, su abuelo y mi anterior gerente quién venía entrando con ropa de ejercicio y un horrible french puddle a su lado. —Bribón, qué raro es encontrarte por aquí. Creí que ya me había librado de ti —bromeó y me dio un corto abrazo. Tuvimos varios encuentros antes, todo por culpa del metiche de Fabián quién siempre me echó al agua en mis fechorías, pero aun así mayormente me llevé bien con el hombre quién siempre me bromeaba y reía al verme. —Estoy en todos lados, como el viento. Nadie nunca puede librarse de mí. —¿Es que viniste a visitarme porque extrañabas que te regañara en la oficina? Espero que ya no te quedes dormido o pongas a todo volumen la champions league. Tienes que tomar madurez de una vez, ya estás muy grande como para actuar como chico de colegio. —Usted cada vez que me ve por algún motivo termina sermoneándome o regañándome. —Intento que hagas las cosas bien porque nunca aprendes. Anda, ¿quieres pasar a tomar algo un rato? —Bueno, en realidad vine a ver a Elijah, pero juro que ya me porto bien. Es solo tenerme paciencia, soy un angelito de dios. —Ay sí tú —rio y me hizo pasar a la casa, cerró la puerta tras nosotros—. ¿Eres amigo del muchacho? —Algo así —dije, pero por supuesto jamás diría detalles como que lo tuve gimiendo por mí en un motel hace unas noches, no quiero matar al pobre viejo de un infarto. —Ojalá no lo corrompas. Elijah es un chico de casa, solo se ha dedicado a estudiar y poco más. Muy poco sale, solo lo hacía cuando salía con Heather, pero desde que se dejaron se volvió más introvertido aún. —¿Heather? ¿es su ex novia? —pregunté curioso y asintió. Me sirvió un trago de whiskey y él tomó uno también. —Ella era una chica que conoció en Londres, salieron mucho tiempo, incluso creí que se casarían porque ella estuvo embarazada… pero… desde que lo perdió él se volvió más extraño y sin mediar palabras la dejó y tomó un vuelo hacia acá y jamás volvió ni de vacaciones a su ciudad. Me quedé en blanco al escucharlo, helado. —Mierda, ¿Elijah… perdió a un hijo? —Bueno, no alcanzó a ser un bebé como tal. Heather perdió a mi nieto de solo tres meses y solo días después terminaron. —Tuvo que ser muy duro para él. —No lo sé, él no habla de sus cosas, pero supongo sí le dolió en su momento, aunque lo disimuló bastante bien. —Mmm. ¿Él está en su habitación? ¿puedo pasar? —Sí, sí anda. Es la habitación de arriba, pero espero que si vas a salir con él, no hagas que se embriague o vas a ver. —Claro, jefecito. Solo le daré de beber agua bendita y leeremos la biblia, de verdad. —Tonto. Ya vete. Subí a la habitación que me indicó y abrí la puerta sin tocar. Esta casa era impresionante, no era de las típicas de los adinerados de la costa, tenía más una decoración en tonos tierra y muebles oscuros, pero era exageradamente amplia, podrían vivir cincuenta personas aquí. Vi a Elijah sentado en un mueble con un control de mando frente a su TV, jugaba un extraño videojuego de terror y me miró sorprendido cuando entré. Su sorpresa pasó a un ceño fruncido cuando me senté como si nada a su lado y lo miré con una sonrisa. Creo que esto se debe a que llegué una hora tarde, pero no fue con intención. La infeliz de Eva me formó tremendo escándalo acusándome de que tiré a la basura su cargador de teléfono y no pude irme hasta que demostré mi inocencia porque si no nadie se le aguantaría después. Eva enojada aterra y grita tan fuerte que estruja mis bellos oídos. —Estaba seguro de que ya no vendrías —se quejó. —Yo me vestí para venir por ti hace unos noventa minutos, pero Eva empezó a gritar y no pude irme hasta que se callara o tiraría mis cosas por el balcón. —¿Quién es Eva? ¿es que… tienes novia? —preguntó completamente en serio y exhalé. —Mmm, es mi prima hermana. Comparto el apartamento con ella. —Sí, “tu prima” —recalcó haciendo comillas con sus dedos y reí. —No puedo creer que estés celoso de ella, es absurdo. —Julián, es que… tú tienes toda la pinta de que tienes novia o algo así, se te nota. —No tengo. La última chica con quién salí fue hace como una semana o poco más, fue antes de la noche en el bar en que te hablé y fue solo una cita que acabó como la mierda. —¿Por qué terminó mal? —preguntó curioso. —Tenía novio y no me lo dijo. Me mintió. —Mmm. No respondió nada, estaba muy extraño y no entendía por qué. —¿Te sucede algo? ¿estás enfermo? —pregunté y él chasqueó la lengua. —No es nada, solo estoy pensativo —dijo y me miró—. Hueles a alcohol. —Bebí un trago que me dio tu abuelo. Me atrasé aún más hablando con él, me contó cosas tuyas. —¿Qué? ¿qué te dijo? Mierda, ¿por qué? —se quejó visiblemente alterado y reí. —¿Te da miedo que me confiese tus oscuros secretos? —Julián, ¿qué fue lo que te dijo de mí? —Me habló de tu ex, que estuviste a punto de casarte, pero… que pasó lo de tu hijo y luego eso se acabó. —Ah… Se acomodó un poco y pasó la mano por su cabello. —Si te es incómodo hablar sobre eso, no tienes que hacerlo —le dije y acaricié su pierna, él me miró con una sonrisa. —Bueno, prefiero aclarar un poco ese tema porque no se me da mentir u ocultar cosas que pasaron que fueron importantes en mi vida. Ella fue mi única novia o bueno, la única pareja que he tenido en mi vida. Éramos mejores amigos y bueno, las cosas solo se dieron. Todos mis amigos esperaban que saliéramos y supuse que debía pasar. La relación fue buena y nunca pasó nada malo en sí, ella era perfecta, pero… no lo sé, no me sentía cómodo ni bien, no estaba enamorado y nunca lo estaría no sé por qué. No sabía cómo decírselo cuando todos esperaban vernos juntos y que nos casáramos, incluso cedí por presión social y le di un anillo, pero me arrepentí y buscaba cómo decírselo, pero… cuando me dijo que estaba embarazada fue que todo explotó. Yo había sido muy claro con ese tema, no quiero hijos ni ahora ni nunca, menos en esas circunstancias, pero ella sí lo quería, lo quería tanto que me pedía que nunca usáramos protección porque ella tomaba sus píldoras, pero mágicamente quedó embarazada y supe que fue intencional. Sé que fui duro, pero corté con ella así sin más, aunque fui claro en que iba a pagar por todo lo del bebé, sus gastos y demás porque iba a responder en todos los sentidos posibles y no desaparecer como un idiota, pero luego solo un día, Heather me llamó y me dijo que interrumpió el embarazo, me dijo que la pasaba mal y que volviera a estar con ella, pero no lo hice. Luego vine a vivir acá y bueno, ya sabes que ha pasado entonces. Me dejó un poco pensativo lo que me contó. Él no parece ser de esos que actúan de mala forma con una persona. No creo que en sí haya actuado mal, ambos lo hicieron y supongo es algo jodido que no puedo entender. Jamás he tenido una relación así de seria y no creo que la tenga, las relaciones duraderas solo se prestan para dramas y cosas horribles que prefiero evitar. —¿Te molesta lo que te acabo de contar? —preguntó preocupado y acaricié de nuevo su mejilla. —Eso ya pasó. No te preocupes tanto, guapo —le dije y por algún motivo se sonrojó hasta las orejas—. ¿Quieres salir o qué deseas hacer? ¿quieres quedarte aquí? —No, porque sé que si nos quedamos aquí luego vendrás tú con intenciones oscuras hacia mí y no quiero —bromeó y reí también. —¿Me acusas de ser un pervertido horrible? ¿acaso es que no sabes que soy virgen aún? —Sí, virgen. Claro —dijo y se puso de pie—. Vamos a dar una vuelta un rato. Me puse de pie también y me acerqué a él, deslicé mis dedos por su cintura, abrazándolo y él me miró muy nervioso. —¿Seguro que no quieres quedarte aquí? —pregunté dándole cortos besos y vi cómo iba de lento su respiración. —Mmm, no, no. Vamos afuera o sé cómo va a terminar esto —dijo divertido, arrastrándome hacia afuera y solo reí. —Bien, bien. Vamos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD