Desperté bastante tarde esa mañana de domingo. Habría dormido más, pero el sonido de un estruendoso rayo me hizo despertar alterado. Me di la vuelta sobre la cama y pensé en ver al rubio durmiendo a medio vestir a mi lado, pero la cama estaba vacía y fruncí el ceño.
Me levanté y miré en el baño, pero tampoco estaba, así como su ropa, teléfono o billetera también desaparecieron. Bien, supongo aprovechaste que dormía como muerto para largarte y dejarme tirado como en las películas, eso de que te follan y se van, pero bueno, no tuve sexo con él, aunque planeaba hacerlo en la mañana, pero supongo me quedaré con la erección encima y me las tendré que cobrar por ello.
Después de tomar una ducha rápida, pagar e irme, tomé un taxi hacia mi edificio e iba pensando muchas cosas. Siempre me han gustado las chicas, es algo que no va a cambiar y más porque me he enamorado en más de una ocasión, pero nunca había sentido atracción hacia un chico antes, era algo nuevo que no me asustaba. Es decir, no es como que vaya a enamorarme del rubiecito. Solamente me parece muy guapo, es increíblemente sexy y sé que por eso no pude resistirme, pero no va a trascender de eso jamás.
Entré a mi apartamento a eso de las once y vi a Eva desayunando en la mesa. Me miró con una sonrisa de malicia y me senté junto a ella. Tomé una taza de café y ella se sentó más cerca de mí.
—Alguien tuvo una noche divertida ayer. Necesito detalles —dijo entre risas y reí también, en nada arrepentido de lo que hice, pero sí de no haber culminado el acto porque no sé si voy a tener de nuevo una oportunidad con ese chico y vaya que ahora me muero por follarmelo sin piedad, pero sé que va a ser jodido que pase.
O sea, es mi jefe después de todo y sé que lo que pasó pudo volver todo complicado, puede querer evitarme o amenazar con echarme, pero no me importaba ni mierda y estaba de un ánimo brutal.
—Bueno, sexo como tal no tuve, pero fue una noche distinta en buen sentido.
—¿Conociste a una chica? ¿dormiste en su casa?
—No. ¿Recuerdas que te hablé que fui a una reunión por el nuevo jefe de Reino Unido?
—Sí, el inglés, lo sé.
—Bueno, con lo que le hice anoche ya lo nacionalicé como colombiano.
—¿Qué carajos? —preguntó alzando la voz y con los ojos abiertos como platos.
—Me lo llevé a un motel e hicimos ciertas cosas, pero luego se largó cuando dormía.
—Julián, ¿me hablas en serio? ¿estuviste con un chico anoche y para rematar de males es tu jefe?
—Sí, es así —dije terminando de beber mi café y ella rompió en risas.
—Entonces… eres bisexual, ¿no?
—¿Qué? ¡no! No sé, yo soy yo y ya. No quiero pensar en eso, solo en una buena excusa para que mañana al verme no quiera echarme porque quedar desempleado en esta ciudad sería una asquerosidad.
—¿Por qué te querría echar? Sería injusto, los dos son adultos para saber qué hacer.
—Mmm, es que él se resistía, pero fui muy insistente. No es como que lo forcé, él vaya que lo disfrutó, pero puede estar enojado y querer botarme de la empresa.
—Hablen como adultos y ya, sería ridículo que hiciera eso.
—Bueno, ojalá quiera solo hablar y no demandarme.
—Tonto.
Entonces llegué a la empresa esa mañana de lunes bastante temprano. Me acerqué a mi escritorio y vi a mis dos amigos sentados sobre él, pero los quité a empujones y ambos me miraron indignados.
—Oigan, no quiero que llenen mi escritorio de sus traseros.
—Hijo de puta, el sábado ni te despediste cuando te largaste. ¿En qué momento te fuiste? O más bien, ¿con quién te fuiste? —se quejó Juan Simón y me encogí de hombros.
—No encontré ninguna chica decente, todas tenían pinta de estar en el narcotráfico, así que tuve que ir a visitar a tu mamá y no me quejo, excelente servicio.
—Idiota, en serio. Cuenta. ¿Te fuiste con alguien?
—Que no.
—Te vi muy ebrio, tanto que hasta bailaste con el gerente. Ojalá hubiese grabado un video para burlarme de ti hasta tu lecho de muerte —dijo Camilo y chasqueé la lengua.
—Sí, algo así, pero se sobrepasó de copas y lo acompañé hasta su casa —mentí y ambos me miraron entre risas.
—Vaya, ¿con eso planeas reemplazar a Fabián como el nuevo lame botas? —se burló Juan Simón y se escondió tras Camilo antes de que lo golpeara.
—Hombre, hay que ser decentes. No iba a dejar a un colega tirado en una borrachera.
—Bueno, al menos con él fuiste decente, pero no en las apuestas de anoche. Perdí cuarenta mil por tu culpa y estoy de un genio que nadie me aguanta —se quejó Camilo.
Miramos en su tableta la tabla de posiciones de la liga de fútbol colombiana, cuando siento que alguien toca mi hombro y los tres volteamos a ver al unísono.
Vaya que no esperaba que Elijah tuviese la iniciativa de hablarme luego de huir de esa forma. Creí que quería matarme, pero me miraba algo nervioso y mis amigos lucían confundidos.
—Hola, ¿cómo están? —nos saludó a los tres y mis amigos lo saludaron de forma cordial.
—¿Ya estás mejor del sábado? —preguntó Juan Simón y él se sonrojó hasta las orejas.
Creo que pensó que ellos sabían de lo que hicimos. Fue divertido de ver, a ver si así me las pagas por largarte de esa manera.
—¿Ah?
—Julián nos dijo que te embriagaste y te llevó a tu casa, ¿estás mejor? —preguntó Camilo y él asintió aliviado.
—Sí, lo estoy, gracias —me miró—. Julián, vamos a mi oficina un momento.
—Claro —respondí y mis amigos me miraban entre risas haciéndome señas de que iba a botarme y sé que era probable, pero no iba a darme mala vida por eso, así que solo lo seguí y él cerró la puerta tras nosotros.
Noté que cambió la decoración del vejestorio por una más moderna y cálida, aunque muy elegante para un tipo de 25 años. Vi que se apoyó a su escritorio y lo hice también a su lado.
Lo miré.
—Anda, si vas a botarme hazlo sin vaselina, sin piedad.
—Jajá, no iba a hacer eso —dijo entre risas, pero al ver la forma en que lo miré dejó de reír, intimidado—. Oye, Julián...
—¿Qué?
—Perdón por haberme ido así. Eso que pasó el sábado… fue nuevo para mí. Nunca me había involucrado en cosas de una noche con alguien y menos… con un chico.
—Yo tampoco he tenido encuentros antes con hombres y no por eso hui.
—Lo sé, lo siento mucho —dijo avergonzado y me detuve frente a él.
—Anda, no te preocupes. Guapo.
—¿Despertaste bien ese día? —preguntó de repente cambiando de tema y sí, vaya que fue divertido verlo sonrojarse así.
—Algo, habría despertado mejor si cierto rubiecito no hubiese huido, pero supongo ahora me las tendré que cobrar por ello.
—¿Me estás amenazando?
—No, no puedo amenazarte porque aun cuando no parezca, eres mi jefe. Solo salgamos esta noche y ya quedamos a mano.
—¿Salir a dónde?
—No sé, ¿un motel del norte? —bromeé y él me pegó en el brazo, reí.
—Julián, ¿me estás vacilando?
—Sí. Anda, solo salgamos por ahí y ya. ¿Está bien? ¿paso por ti?
—Mmm, ¿cómo una… cita? —preguntó ruborizado y chasqueé la lengua.
—Oye, ¿cómo que una cita? Ambos somos hombres, ¿qué carajos? —me quejé y él exhaló fuertemente.
Lucía evidentemente desilusionado y no podía entender por qué.
—Bueno, es que… nunca he sabido cómo son esas cosas, cómo es luego de que… duermes con alguien que acabas de conocer. Creí que… estábamos en algo.
—Sí, estamos en algo. En algo que la vamos a pasar bien los dos y ya, no pienses en nada. ¿Paso por ti, guapo? —acaricié su mejilla y él asintió con una sonrisa tímida.
Intercambiamos números y me dio su dirección. No tenía idea de dónde quedaba esto, parecía ser en los lados del lago, pero no estoy seguro. Sonó mi teléfono, era una notificación del grupo de trabajo. El infeliz de Camilo puso una foto mía de perfil en el grupo a blanco y n***o con un lazo de luto como si me hubiese muerto. Creo que esto es porque piensan que me echaron y lo toman a chiste, pero habrá varios muertos hoy en el pasillo.
Guardé mi teléfono y lo miré.
—Bueno, nos vemos en la noche —le dije, asintió entre risas y sin previo aviso le di un corto beso y el rubio se puso de todos los colores.
Luego solo salí y Camilo al verme se echó a correr antes de que lo acribillara. Me vi a la tediosa tarea de botar todas las flores que los inútiles de mi piso dejaron en mi escritorio, como si me estuviesen velando. No los culpo, hice cosas peores como cuando me puse de foto de perfil en el teléfono de Jimena y su esposo casi me mata por ello.
Nos vemos en unas horas, rubiecito.