Debían ser pasadas la media tarde porque el sol le quemaba la espalda. Una chicharra que constantemente chillaba le hacía compañía. En la calle no había un solo vehículo. Seguramente todos se preparaban para el fin de milenio. Esa noche los trece Eniyans harían el recorrido tradicional desde Aljanna rai hasta la torre principal, ahí se llevarían a cabo los rituales, y la madre Diosa Olaya se presentaría ante todos. La gente estaba en camino, se reunirían para presenciarlo. Era un evento único, cada décimo año se mantenían las puertas de Aljanna Rai abiertas para el mundo entero. Llegarían incluso delegaciones internacionales de todas partes del mundo. Pero todo aquello, a Argod no podría importar menos. Si no fuera que tenía que seguir el plan, desearía estar muy lejos de esa aglomeració

