—Ahí estás amado hijo… ven, acércate, yo te curaré… El regazo de Olaya era a un principio cálido. —Deja de pensar, y solo relájate… Pero conforme lo va envolviendo entre sus brazos, algo dentro de él luchaba por soltarse. Una parte suya le decía: —No trates. No lo hagas... ella te traerá devuelta. Pero la otra, la que luchaba por preservarse: —¡No! ¡Suéltame! Prefiero la muerte a vivir de esta forma... —Estás enfermo, es lo que pasa, solo deja de ella te sane. —¡BASTAAA! Una semana más tarde… Heller Roth mira a cada uno de sus hermanos, ellos con los brazos abiertos lo reciben cálidamente. Era por la ceremonia del fin de milenio que todos vestían elegantemente. Esa mañana, en los noticieros hablaban de los cincuenta No—id que fueron eliminados, gracias a la labor de la policía.

