Kublai fue siguiéndole, aunque al paso que iba era imposible que consiguiera llegar hasta él. —Maldito cretino... ¿Dónde estás? ¿No dijiste que iríamos juntos a Gardh? Mentiroso —de todas formas, quizás debido al agotamiento, continuaba caminando ya sin sentido, por el mismo rumbo, y no se percató de que estuviera fuera de peligro. De repente una luz resplandeciente desde arriba lo enceguecía y le forzaba a detenerse. "Maldita sea" No sabía en qué momento habían llegado a dar con él. —¡INDENTÍFEQUESE! Haciendo oídos sordos, Kublai retrocedía, aún con las miras puestas en él. —¡NUNCA! En ese momento la aeronave se acomodó arriba de él, haciendo que fuera mucho más dificultoso el ver. De la aeronave bajó velozmente un Eniyan, el mismo de hace rato, y plantó el pie justo atrás de él. Le

