Trato de callar el incesante sonido de mi despertador mientras mantengo mi rostro hundido en mi almohada, sigo sin acostumbrarme al horario escolar, jamás imaginé que extrañaría tanto las clases en casa. Logro silenciar mi celular y lo coloco debajo de mi almohada deseando dormir tan sólo cinco minutos más. Lo siento vibrar y enseguida el sonido de un mensaje, reúno todas mis fuerzas internas para no terminar estrellado mi pobre móvil contra la pared, tanto anhelaba contar con uno y ahora creo que es un objeto que acabará por volverme loca. Nuevamente vuelve a vibrar y gruño sobre la almohada sabiéndome derrotada. Lo tomo y veo la pantalla, cinco mensajes de texto, tres de Fernando que me ha escrito a las tres de la madrugada, lo cual me parece extraño y dos más de un número que no tengo

