Camina hacia mí para saludarme con un beso muy cercano a la comisura de mis labios como le es usual. Su actuar provoca que mi piel se erice, le sonrío teniendo su rostro a escasos centímetros del mío. Toma mi mochila para colocarla en su hombro y quita el par de libros que sostengo. —No fuiste capaz de hacerle eso a tu hermano, ¿cierto? —cuestiono. —“¡Buenos días, Ferkon! ¿Qué tal noche pasaste? Las rosas están hermosas, ¡gracias!” —dice todo aquello haciendo una voz chistosa tratando de imitar la mía. —Yo no habló así —golpeo su hombro— y ya para con eso de las rosas —hablo sonriente. —¡Hola, hermosa! —aprovecha mi cercanía para estrujarme aún teniendo las manos ocupadas con mis libros— Pararé con las rosas cuando aceptes ser mi novia —besa mi frente y toma mi mano para después abr

