Sus labios

1191 Words
Salí del despacho envuelta en un mar de lágrimas, el hombre al que tanto había querido no era mi padre, solo me había usado como una carta de bajo de la manga, y resulta que a la final me uso. De Camino a la habitación busqué a mama por todos lados, pero como siempre, nunca estaba, me arrepentí de estar encerrada, el peso de estas cuatro pareces estaba asfixiándome, así que tome las llaves de mi auto y emprendí camino al único lugar donde podría morirme, ¡El paraíso! Estando en el club fue cuando me di cuenta de que mi mano estaba sangrando. Había dado todo un espectáculo en aquel club, bebí como loca, no deje que nadie se acercara a mí, tanto así que tuvieron que sacarme del sitio en plena madrugada, es por eso que estoy en la habitación de un desconocido, al abrir mis ojos pude notar que era un hotel, el hombre que estaba a mi lado me observaba fijamente, por segunda vez había arruinado mi vida. —Puedes irte, el pago por tus servicios está en la mesa—El hombre era hermoso, su cabello era una mezcla de rubio y rojizo, aunque todo eso no le servía de nada, su carácter arruinaba todo. —¿Qué has dicho?—pregunte entre nerviosa, y envuelta en furia. —Lo que escuchaste, no me gusta dormir con prostitutas. ¿Qué había dicho? —Mira pedazo de basura, que sepas que puedo acusarte de violación, me trajiste aquí sin mi consentimiento, no recuerdo nada, seguro me drogaste. Estaba corriendo histerica por aquella habitación, mientras colocaba mi ropa ¿acaso tenía razón? ¿En esos me había convertido? Me había acostado con dos desconocidos ¿qué me estaba pasando? —¡No me has reír! Pedias a gritos mi atención, tengo videos, y muchas pruebas así que ¡largate! Lo mire fijamente, pero decidí no responder, necesitaba llegar a casa y casarme con aquel otro desconocido. Salí de aquella habitación mientras el hombre estaba en el baño. Para cuando llegue a casa era tardísimo así que me di una ducha rápida con agua helada, a ver si podía despertarme un poco, pero fue inútil, mi cara reflejaba que había tomado, pero no me importaba, entre al armario y busque el vestido que había comprado sin que mi madre se enterará. El vestido era n***o con mucha falda, era como si hubieran pegado millones de tiras de papel crêpe, aunque la parte superior era en encaje lo de abajo dañaba todo el diseño, cuando me mire en el espejo, salte del susto, parecía el cadáver de la novia. Deje mi cabello suelto y me maquille totalmente de n***o, me coloque unas zapatillas de tacón de aguja del mismo color del vestido, estaba dándome los últimos toques cuando mi madre toco la puerta, no podía dejarla entrar. —¿Qué quieres mamá? —Vengo ayudarte hija, quiero ver a mi única hija vestida de novia—Su tono la delataba había estado llorando, sentí pena por ella —No es necesario, vete a la iglesia con Maximus quiero llegar sola. —Hija... —Ya hablé mamá, quiero ir sola. —Está bien, el chofer te llevará. Espere unos cuantos minutos para poder salir, me di un último vistazo, la verdad era que estaba de infarto, horrible. Cuando el pobre chofer me vio, casi se muere del susto, pero no dije nada, la cosa daba bastante risa, mi plan estaba funcionando. Llegamos a la iglesia y todo el mundo ya estaba adentro, así que el único que me esperaba era Maximus, baje del coche muy sonriente, aquí empezaba todo. Serkan: Tenía más de una hora esperando a la dichosa novia, pero jamás pensé que esa chica fuese la misma de esta mañana, mi futura esposa comprada era nada más y nada menos que la Prostituta del bar. ¡Maldita suerte! Caminando hacia el altar estaba esa mujer envuelta en una enorme bola de tull, con un velo n***o, me causo muchísima gracia su ocurrencia, pero no Sonreí, mi madre estaba por darle un ataque, mientras que a mi hermano le parecía gracioso. Fue Maximus quien me la entrego, al principio de Todo esto había aceptado porque era la única manera de salvar la empresa de mi padre, pero no estaba para nada de acuerdo y ahora menos con este descubrimiento. —Serkan, te entrego mi mayor tesoro—Se notaba que Maximus estaba enojado, y estaba en todo su derecho, íbamos a hacer el ridículo en la prensa. ¿Acaso sabrá que su hija es una prepago? Estaba a punto de responder cuando ella se adelantó. —No mientas pedazo de mierda, mejor vete Vi al hombre cambiar de color, así que me apresure, ¡Menuda fiera me estaban dando! Ya lo había demostrado esta mañana —No hagas un espectáculo, yo me encargo. Tome la mano de la chica y algo raro me sucedió, una estática recorrió mi cuerpo, así que la solté disimuladamente. —Que sepas que te espera el infierno, te haré tragar cada palabra dicha esta mañana—comentó mi futura esposa entre dientes. —Ni creas que será tan fácil, no eres más que una malcriada, que se vende en club nocturno —¡Si claro! Lo dice el chico que tiene que obligar a una mujer a casarse ¿acaso no te piensas con capacidad de seducir? ¿O no te gustan las mujeres de bar? —¿Perdón?— pregunté asombrado por su osadía —Es obvio que nadie se casaría con un ser tan despreciable como tú, nadie aguantaría dos días contigo y eso que ni siquiera te conozco. —¡Ah si claro! Tú eres una santa, la mujer que todos quieren, no eres más que la hija de un oportunista, manipulador, solo intentan sacarnos dinero, vendiéndote, agradece que te haré el favor, no dudaría en pensar que me estabas siguiendo al bar y te metiste en mis sabanas con toda intención. —Vete a la mier... No pudo terminar la frase porque el padre nos interrumpió, esta chica me sacaría canas verdes, a la final ella caería en mi juego, no podía negar que tenía algo que me atraía muchísimo, por eso me quede toda la noche disfrutando de su cuerpo. Su cara era angelical, pero no era más que una mujer que se vendía al mejor postor y eso me decepciono muchísimo, le enseñaría el verdadero infierno para luego desecharla como a todas las demás… A la hora del beso, la vi sonrojarse, me acerqué, era bastante guapa de ojos café, cabello castaño claro mejillas rosadas, cuello largo y delgado, todo una rosa, una hermosa y delicada rosa, era una verdadera lástima que estuviera metida en este juego y en ese mundo nocturno Sus labios eran tan suaves y carnosos, eran como una droga, los recuerdos de esa noche juntos vienen a mi mente, al principio no me correspondió el beso, pero luego nos perdimos en un abismo, nuestras lenguas jugaron juntas en el mismo compás, ella era como un torbellino de pasión y yo era el mismísimo polo norte.
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