Anonadada. Una semana después ¿? Heather se dignó a hacerle caso a Hache y había comenzado a comer, aunque poco, pero su mínimo apetito sí que marcaba la diferencia de cuando llegó. Hache la veía desde uno de los monitores que daban a las cámaras de su habitación, se estaba colocando un vestido escarlata que había escogido para ella esa misma mañana. Heather se estaba portando bien, su conducta comenzaba a ser intachable... Merecía una sorpresa. —Ya coloqué la mesa —la otra cautiva avisó a hache, cabizbaja, atravesando el umbral de la puerta. —Mírame a la cara —ordenó Hache, la chica alzó el rostro con inmediatez—. ¿No estás emocionada porque tendrás compañía? La chica formó una fina línea con sus labios y asintió lentamente. Pese a que no era más que una insulsa sumisa con un sever
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