Cuando me levanté al día siguiente, ella no estaba en la casa y mi hijo por lo visto tampoco.
Mientras me preguntaba en donde estaría Lulú me empecé a cuestionar acerca de todo lo acontecido la noche anterior sin poder evitar que me invadiera la culpa creyendo que había tenido pensamientos pecaminosos con la joven que seguramente era mi hija... por otro lado me angustiaba la posibilidad de que ella se hubiera dado cuenta de algo, ¿quizá mi pene semi erecto me puso en evidencia y lo notó ella cuando entró a la habitación?
Ese día fui al trabajo con un peso grande en el pecho, pero cuando llamé al mediodía a mi casa, me atendió la mucama y me pasó con ella.
Su voz alegre como siempre no delataba nada, solo me dijo que se fue temprano a correr por la playa. Y eso me dejó más calmo.
Al llegar a la casa luego de una larga jornada de trabajo, lo primero que vi fue a Lulú con un short diminuto enterrado en el culo viendo televisión sobre la alfombra, tenía su estómago sobre el piso, sus manos sosteniendo su barbilla y sus pies jugueteando en el aire.
Traté de respirar hondo y calmarme, aunque lo único que quería era cogérmela ahí mismo... el sudor comenzó a bajar por mi sien y mi espalda.
En cuanto cerré la puerta con un golpe, ella se sobresaltó apenas, pero se dio vuelta sin moverse de su posición y me saludó con la mano y una sonrisa hermosa se le dibujó en su carita tierna.
Ella se levantó y me siguió a la oficina.
— Espero que no te moleste, pero en un rato va a venir mi amiga Pam para ir a pasear un rato, quizá de compras — dijo y agregó —. Si quieres, puedes venir con nosotras... — me sugirió con cara de inocente.
Estaba cavilando sobre eso cuando alguien tocó la puerta... y poco después se asomó la amiga de mi hija, Pamela.
En cuanto entró me quedé de una pieza, era una chica muy voluptuosa, de ojos azules y cabello n***o y lacio... se parecía mucho a la actriz Megan Fox solo que con 20 años... su cara y su boca, invitaban a hacerle las cosas más pecaminosas.
Y al igual que Lulú tenía un mínimo short corto que no dejaba nada a la imaginación junto con un crop top también diminuto.
Se acercó con una sonrisa de oreja a oreja.
— Tú debes ser Alex. Me hablaron mucho de ti — dijo y me miró de arriba a abajo sacando la punta rosada de su lengua para pasársela por los labios.