Capítulo 05.| Un pequeño tropiezo.

1327 Words
POV: BENJAMÍN (Parte II) ― ¡Pero que car…! ―Brisa, niña mía, adelante ―exclamó el abuelo antes de que la tía Jade terminara de proferir el improperio que se le quedó en la boca a mitad de camino. No pude ver el rostro de los demás, pero podía auspiciar avances de confusión y descalabro cuando la noche apenas acaba de iniciar, solo a Frederick que lo tenía delante de mí y al lado de Brisa, lo vi sonreír con un aire intrigante. Los planes de convencer al abuelo de olvidar a esa indigente comenzaban a parecer más complejos de lo anticipado. ― ¡Papá! ¿Qué hace esta aprovechada aquí?... ¡Se supone que sería una reunión familiar! ―Jade se puso de pie reclamando al abuelo sin ningún tipo de refreno. Volteé por un segundo para mirar el rostro del abuelo quien se mantuvo inmutable ante la osadía de su hija. Su mirada estaba fija al frente, expectante a la invitación que había planteado. Entonces volví a mirar a la recién llegada. Nuestros ojos se cruzaron por un segundo. Fue una sensación extrañísima. No podía quitarme de la cabeza esa sensación de haberla conocido antes, pero no tuve tiempo de detenerme a pensar en nada de eso pues en los ojos de ella solo encontré desprecio y decepción para mí; decepción que solo se opacaba ante la confusión que le invadía el rostro. La pequeña indigente hizo el intento de ensayar un avance cuando yo había decidido aportar mi opinión, pero fue Bruce, quien con su voz altiva y carrasposa irrumpió en la tensión que reposaba sobre todos señalando una nueva sorpresa. ― ¡Ivy, preciosa, llegaste! Desde la misma entrada desde la que Brisa había llegado, la rubia exuberante y de pechos enormes hizo acto de presencia con una enorme sonrisa desbordante de cordialidad. Yo estaba enterado de su arribo esa noche, sin embargo no pude tomarme aquello de buena manera, pues el odio en los ojos de aquella criatura resentida no me soltaba el alma como para cumplir con mi parte del plan. En teoría se suponía que yo recibiría a Ivy para poder presentarla ante todos como la “mujer de mis sueños” para de esa manera poder perpetrar el engaño ante el abuelo, pero sencillamente no pude. Mi cabeza estaba en otro lado. Bruce se percató de mi inacción y por ello salió al ruedo tomando de nuevo la palabra. ― ¡Ben!... ¡Por todos los cielos hombre! ―el tono con el que Bruce dijo aquello dejaba en claro que estaba ansioso por llamar mi atención―, entiendo que has quedado deslumbrado por tu amada, pero hombre dale la bienvenida Benjamín. ― ¡Ben! ―me saludó Ivy, la nuestra era una vieja historia, de mucho y buen sexo, pero nada más; su cabeza solo podía pensar en facturar― ¡Aquí me tienes! Ivy dio tres pasos hacia donde yo me encontraba de pie, pero al pasar frente a Brisa se detuvo mirándola con desdén desde los pies hasta la cabeza y le dijo: ―No te quedes mirando niña, la futura señora de Blackwell necesita refrescar su garganta. ―Perdón, yo no… yo no trabajo aquí… yo no soy del servicio ―repuso Brisa. Ivy soltó una risita burlona con evidente desprecio. ―Disculpa niña, es que con esa ropita pensé que tu… ― ¡Ya basta! ―el rito del abuelo resonó en las paredes de aquel salón como no lo había hecho en muchos años. Su tono demandante hacia callar hasta al más altivo de los hombres. Aunque enfermo y opacado por el paso de los años, el abuelo Igor seguía manteniendo en su interior la esencia que solo el patriarca del clan Blackwell podía ostentar―… ¡Que alguien me explique de inmediato quien es esta gallineta vulgar y que demonios está haciendo aquí! Bruce miró a la tía Jade, después de todo la relación del abuelo con su yerno era fatal y conflictiva. La tía Jade entendió que ahora todo quedaba en sus manos. ―Papa, ten más respeto por favor, la señorita Ivy Romain es la novia de nuestro Benjamín y si está aquí es porque esperábamos contarte que está a punto de convertirse en su esposa. El bastón del abuelo se estrelló contra la mesa tirando al suelo vasos, copas y platos. La furia se notaba creciente. ―Benjamín se va a casar, sí, pero es la señorita BRISA SORIANO ―al decir su nombre acentuó cada una de las silabas para dejar sin ningún lugar a dudas su determinación al respecto―… quien le va a desposar. La rubia carraspeó por la incomodidad, Brisa se había quedado helada de la incomodidad y Frederick no le quitaba la mirada de encima. Y yo, yo solo me quedé allí, de pie, en silencio, sin hacer nada, como nunca me había ocurrido. Para poder asegurarme el ascenso a la presidencia que tanto le interesaba a la Tía Jade y Bruce ese era el momento, no podía dejar que la oportunidad se me escapara de las manos. ―Abuelo con todo respeto, tu eres la persona más importante en mi vida ― traté de que mi voz saliera calmada de mi boca, pero sosteniendo la seguridad que necesitaba comunicar―, pero con todo respeto ¿No crees que mi opinión importa a la hora de decidir con quién me voy a casar? ― ¡Ben! ¡Ben! ¡Ben!... tú no has hecho más que cometer un error tras otro. No voy a permitir que cometas un error que te acompañara por el resto de tu vida casándote de manera equivocada ―al decir esto miró a la rubia sin ningún tipo de disimulo. Respiré evitando la mención a esa evidente confrontación, solo quería librarme de aquella imposición a como diera lugar. ―Abuelo solo mira ―Ivy se encontraba al lado de Brisa; ella sonreía con desparpajo a pesar de que el abuelo apenas acababa de hacer notar lo evidente, Brisa, por el contrario, estaba a punto de desplomarse y echarse a llorar―: ¿Cómo crees que yo pueda casarme con una mujer así? Mis palabras fueron escuetas, pero lo suficientemente claras para que el mensaje fuese entendido. Los ojos de Brisa se explayaron dejando que un par de lágrimas humedecieran sus mejillas. ―Lo siento mucho señor Igor… perdóneme, pero no puedo… La pequeña indigente se quebró al terminar de decir esto y se giró para irse de ahí, pero Ivy, disimulando su intención, colocó su pie en la trayectoria de ella haciendo que se tambaleara cayendo de bruces sobre el suelo del salón. Por un segundo sentí el instinto de salir del paso y ayudarle, pero la intención de Frederick fue más rápida. ―Déjeme ayudarle señorita ―le dijo con caballerosidad inclinados a su lado para ayudarle. Brisa no tuvo más remedio que aceptar la ayuda del desconocido. Apenas se logró erguir nuevamente retomó su huida aun en contra de la negativa del abuelo que gritaba su nombre. Bruce y la Tía Jade estaban pálidos como el blanco del mantel que cubría la mesa, mientras Ivy como ajena a todo aquello seguía riendo por el bochorno de Brisa al caerse de manera aparatosa; Frederick por su parte no dejaba de mirar en la dirección en la que la pequeña indigente se había ido. — Tio, si lo permites me retirare para acompañar a la dama y asegurarme de que se encuentre con bien. Con el rostro rojo y los ojos inyectados de sangre, Igor asintió dándole a Frederick su aprobación. La tía Jade intentó calmar al abuelo al notar su iracundo estado, sobre todo por lo delicado de su salud, pero el abuelo, ignorando cualquier petición, levantó su delgado índice señalándome con firmeza antes de sentenciarme a una misión sin vuelta atrás. ―O te casas con Brisa o te jodes cabron.
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