Ernesto se sonríe ante lo dicho por Steven, y extiende sus manos, diciéndole: — Adelante, renuncia, después no me vayas a suplicar que te de trabajo de nuevo, cuando la crisis económica aumente. — No te preocupes Ernesto, ese es mi problema. Muy furioso, Steven sale de la oficina de Ernesto, y no se despide de sus amigos, ni se lleva sus cosas de la oficina. Steven sale de Milenio, y se queda mirando las letras del edificio, y dice: — Todo tiene un final. Veinte minutos después, muy estresado y rabioso, Steven llega a la puerta de su casa, y piensa: “Que se ha creído Ernesto”. Después de unos segundos tranquilizándose, Steven entra a su casa y acaricia como de costumbre a su perro Timy, y luego de hacer eso, se cambia de ropa, para estar más cómodo. En ese momento, Steven enciende

