Todo pasó tan rápido que cuando quisieron llegar los demás a ayudar, ya el animal había dejado de respirar.
¡Hijo! ¿Estas bien?¿No estás herido?—le pregunta su padre adoptivo sorprendido por lo que acababa de suceder.
—Estoy bien Yahil—le dice el joven lleno de barro y mugre, con la respiración entrecortada y lleno de adrenalina pura.
—¿Ya vieron? ¡Mi hijo es el más fuerte de todos, pelea hasta con cocodrilos él sólo! ¡Jajajaja!—lo alaba Yahil.
Entre Yahil y los demás toman el cocodrilo para comer su carne, muchos hombres errantes del desierto decían que si consumían carne de cocodrilo, el dios cocodrilo Sobek, los bendecirá con fuerza.
Isis está en shock, nunca había visto a un animal tan grande, tan terrorífico y tan cerca de ella. Khaled trata de ayudarla a ponerse de pie, mientras los demás están entretenidos sacando a la orilla al cocodrilo y repartiéndose su carne.
— ¿Por qué eres tan terca? ¿A caso no escuchaste cuando te dije que hay cocodrilos esperando una víctima en este lado del Nilo? —le dice enojado Khaled mientras se separa de ella.
Isis rompe en llanto. Nunca la habían tratado tan mal, ni había pasado por una situación tan horrible y peligrosa. Nunca nadie la había visto llorar.
Kamel se acerca a dónde están los dos jóvenes, pasándole por al lado a Khaled, llegando hasta donde está Isis, el viejo le arranca el collar de oro de un jalón y las pulseras de oro, luego le quita las argollas de las orejas, él saca la navaja de ella, que encontró a orillas del rio flotando y se lo pone en el cuello a la chica, cuando la agarra por el cabello.
—¿Ahora no eres tan guapa? Te quedaste sin energía ¿cierto? Yo Khaled hubiese dejado que esos animales hicieran una fiesta con tu cuerpo— Yahil se burla y se ríe a carcajadas.
Khaled ve lo abatida que está, siente como su corazón se le encoge sin saber porqué.
—¡Ya déjala, ella es mía!—le ordena acercándose— Aún no termino con esa chiquilla —le dice para que la deje en paz.
El viejo la empuja y guarda la navaja.
—Levantate—le ordena Khaled.
Ella trata de incorporarse, sus piernas flaquean.
—Niña no tienes a donde ir, ya es de noche, estarás más segura con nosotros que en el desierto, el castillo está a muchos kilómetros de aquí, hay muchas dunas de arenas, no hay oasis en el camino, y es temporada de tormentas de arena, hay miles de alacranes, escorpiones y serpientes venenosas, además no tienes ropa adecuada, ni agua, ni comida, ni un camello, a pie tardarás semanas, si es que no te pierdes primero o si no caes en alguna arena movediza—le aclara Khaled a la chica burlonamente, para que se diera por vencida.
—¡Agradece que no te mato o hago pagar lo que le hiciste a mis hombres, chiquilla de mierda!— Kamel la mira con rencor pero por lo menos tiene lo que quería. Este se aleja y se une a los demás para regresar al campamento.
Isis le lanza una piedra que estaba a su lado, pero por los nervios no le atina al blanco, el viejo se ríe.
A Khaled no se le daba bien forzar a una mujer, su padre le hizo señas de que quiere el costoso ajuar de la chica, pero aquella gata salvaje no tenía cara de dárselo por voluntad propia. Así que decide usar un poco de psicología con ella.
—¿Cómo te llamas gata salvaje? Isis lo ignora —¿No piensas hablar?¿Eres muda ahora?—pregunta enojado, mientras se quita un poco de barro del rostro y su pelo.
—¡No hablo con salvajes! ¡Piérdete, y déjame en paz!—le grita Isis nerviosa, mientras se limpia las lágrimas.
—¡Y yo no hablo con niñitas que dicen ser la princesa y aún así te estoy hablando! ¡Además te salvé la vida, así que me debes una, a eso súmale que estoy echo una mierda por tu maldita culpa, me hiciste avergonzar frente a todos y rompiste mi túnica favorita! ¿Cuántas me debes? ¡Perdí la maldita cuenta!—le grita al acercarse y tomarla por el brazo a la fuerza haciendo que Iris se queje por el dolor.
—¡Te agradezco el haberme salvado! ¿Vale? Si me llevas ahora mismo al palacio, te recompensaré, te lo juro!— le suplica.
—¡Si, claro! Y de paso me tiras a la guardia real y quedaré preso. ¿Crees que soy tan estúpido?—le dice él, mientras la mira a los ojos.
—¡No te miento, te pagaré!—le asegura ella, juntando sus dos manos en forma de reverencia.
—Si quieres pagarme, quítate tus túnicas y dámela, te daré un cambio de ropa seco y más…adecuado para el desierto —le dice burlonamente.
—¡Eres un maldito pervertido al igual que el viejo verde!—se enoja— ¡Ya te lo dije no lo haré, ni en tus sueños! ¡Primero muerta! ¡Ustedes no son dignos!
—Nunca dije que te desnudes aquí, a menos que seas exhibicionista, sígueme, vamos a mi tienda, ya deben haberla armado, como intentes escapar por tu cuenta ten claro que no volveré a salvarte.
—¡No iré a ninguna parte contigo!—se cruza de brazos y le lanza una mirada asesina.
—Bien, entonces quédate aquí, luego no me culpes si un escorpión muerde tu fino y delicado trasero. Su veneno no tardará mucho en entrar a tu torrente sanguíneo, lo primero que sentirás, será la falta de aire a tus pulmones, colapsarás en segundos, sin antes sangrar por la nariz, créeme es desagradable, ya e visto a muchos morir así. Con suerte los cuervos carroñeros comerán tu carne antes de que te púdras. Claro si los hombres del desierto a los que lastimaste no se desquitan lo que les hiciste, piénsalo bien, yo soy tu única opción—la agarra del rostro para mirarla más de cerca y la suelta.
Isis por instinto mira a su alrededor mientras camina temerosa por lo que el hombre le acaba de decir.
Khaled sonríe, porque se da cuenta que su estrategia está funcionando. El camina rio arriba hasta donde está el campamento de la caravana.
Isis camina detrás de Khaled, ve a un grupo de beduinos alrededor de una gran fogata despedazando al cocodrilo para asarlo sobre la hoguera.
—Khaled, tu tienda está lista—le dice el ayudante de su padre.
—Gracias, Dolfeo —le responde Khaled—Entra—le ordena a la joven llena de barro hasta detrás de las orejas.
Cuando entran a la tienda, lo primero que ve Isis es una esquina una cama, una lámpara de aceite y una cubeta de madera con agua caliente junto a otro cubo vacío en la esquina.
Khaled le da la espalda a ella y se desnuda ahí mismo, mientras se dirige a la esquina de la pequeña tienda, Isis se queda con la boca abierta, nunca en su vida había visto a un hombre desnudo, sólo en los libros prohibidos de sexología de la biblioteca en el palacio, Khaled tenía un trasero perfecto y redondeado, enormes músculos de la espalda y algunas cicatrices de las tantas batallas que había liberado, ya sean humanos o bestias, estaba perfectamente esculpida.
—Si me sigues mirando así me vas a gastar—le dice Khaled cuando la ve por el rabillo del ojo con una sonrisa antes de girarse y quedar frente a ella.
—Nunca te miré ¿De que hablas?—se pone rígida y se da la vuelta más rápido que un rayo.
Isis se reprende a si misma, antes de seguir pecando con la mirada, se supone que ella está comprometida con el hijo de un hombre de alto rango dentro del palacio. Y ahí está ella comiéndose con los ojos a ese hombre de mirada penetrante. Ella escucha cuando él se aleja a cada paso riendo a carcajadas, ella desearía no escuchar cuando él empieza a lavarse, para quitarse el barro.
Minutos después, Khaled estaba radiante y limpio.
—Es tu turno, le dice al pasarle por el lado envuelto en un trozo de tela solo cubriendo sus partes íntimas. Ella ve como él se acuesta en la cama que a simple vista no era nada cómoda.
—Necesito que salgas y vigiles que nadie entre—le dice más en forma de una orden, que de un favor.
Khaled la mira frunciendo el ceño.
—¿Acaso soy tu sirviente? No te sientas especial, lleva tu trasero hasta allá, quítate rápido esa ropa llena de barro, de lo contrario me voy a enojar, y si me enojo me voy a levantar de aquí y yo mismo te quitaré todo, por más que grites, nadie vendrá a tu auxilio, yo soy ahora mismo el hombre mas confiable, así que no tienes nada que temer.
—¡Entonces date la vuelta y no mires, por favor¡—le suplica llena de impotencia, ella es educada pero ese hombre la saca de quicio.
—¡Bien, Jajaja!—se gira.
Isis a pesar del miedo, siente que hay algo en la voz de ese hombre que le provoca confianza, así que hace lo que dice. Se quita la ropa llena de lodo como puede y se comienza a bañar con el agua caliente que Khaled le ha dejado, ella siente como el agua caliente se siente tan bien luego de la noche tan horrorosa que ha vivido. Aquel baño no era como el baño de leche de burra al que estaba acostumbrada, ella piensa que algo es más que nada.
Khaled se da vuelta para ver si realmente está haciendo lo que le ordenó al sentirla tan callada y ahí estaba él, mirando la espalda de esa hermosa mujer, sin una cicatriz o mancha, su trasero con forma de durazno, su piel de porcelana, lo invitaban a servirse, pero él nunca había estado con una mujer.
No, porque no le sobraran mujeres que se les lanzaran y trataran de conquistarlo, sino porque no se sentía atraído de ninguna, tenía en su corazón a su primer y único amor, hasta esa noche que conoció a esa gata salvaje.
Había algo familiar en esa mujer que lo pone inquieto Khaled se pregunta a dónde la había visto antes.
Isis empezó a bañarse, aún desconfiada suspira de frustración, ella ladea la cabeza a su dirección y ve como su mirada la recorre de arriba a abajo para confirmar que la está viendo desde hace rato, llevándose tremendo susto.
— ¡¿Qué estás haciendo pervertido?!—le grita mientras le arroja el jarro de echarse agua, casi se lo pega en la cabeza si el no se espabila y se levanta rápido.
Ella empieza a arrojar todo a su alcance con una mano, mientras se cubre con la otra sus pechos, él se acerca a tres zancadas a dónde está ella, quedando ambos cuerpos muy cerca.
— ¡Te dije que te calmes, fiera, no te estaba viendo a tí!— miente mientras le atrapa ambas manos y la empuja hasta quedar acorralada mojada y desnuda entre un baúl al fondo de la tienda de campaña. Los ojos de Khaled tienen fuerza de voluntad propia, porque ese cuerpo tan hermoso es digno de ver.
—¡Sólo deja de mirarme maldito, o te sacaré los ojos!