Ante sus palabras intimidantes y su cuerpo ahora frente al mío, tenía aún más temor de hablar. Ni siquiera había sentido aquello cuando me desnudaba ante él, eso solo me hacía entender que fuera de allí, solo él tenía el poder.
Él me miró una vez más, llevó sus manos a su nuca y respiró hondo.—De ser así no se qué posición tomar, Layla. Algo así es más complicado, simplemente no quiero meterte aquí sin que sepas sobre el amor de verdad, no sin perder tu virginidad con la persona correcta.—Insistió caminando por toda la habitación.
—¿Y por qué no lo haces tú?—Pregunté dando dos pasos cerca de él.
Se detuvo en seco y me miró una vez más sin cuidado.—No hago el amor, Layla. Solo busco diversión, sexo, distracción.—Insistió.—Esas cosas no van de la mano.—Aclaró.—A parte a eso, ¿crees que yo sería la persona correcta para eso?—Preguntó ahora tomando mis brazos y acercándome a él.
—Solo sé que me siento en confianza cuando estoy desnuda ante ti, eso jamás había sucedido.—Aclaré.
—Necesitaré tiempo para pensar sobre que hacer, y lo que es bueno para que también pienses antes de firmar.—Soltó sin más.—Ahora vamos,—Dijo saliendo de la habitación.—Te llevaré a casa.
Yo dejé salir todo aquel aire que había contenido de manera involuntaria y seguí sus pasos. Mirando una vez más a los lados y detallando su cuerpo ante el mío.
Piel morena, barba, tatuajes por todo sus brazos y pecho, cejas pobladas y mandíbula firme. Piernas largas, abdomen marcado y una espalda trabajada.
Suspiré de solo imaginarme su cuerpo desnudo ante el mío y borré aquel pensamiento rápida al sentir pasos aproximarse ante nosotros.
—Señor.—Le dijo rápidamente al encontrar a Hassam.
Un hombre de quizás unos 45 años se detuvo ante él, vestido de n***o, brazos cruzados y cabeza blanca.
Me miró rápidamente confundido y volvió su mirada a él.—¿Señor?—Preguntó una vez más a Hassam.
—No es nada Freddy, la chica presente, ya está por marcharse. Nos podremos al día en un par de horas, tengo cosas por hacer.—Dijo rápidamente.
—¿Y el almuerzo con sus padres, señor?—Preguntó rápidamente.
—Tengo cosas por hacer Freddy, no estoy seguro de que llegue a tiempo. De ser así, justifica mi ausencia con clases.—Y dió dos palmadas en su hombro.—Hasta pronto, Freddy.
Caminé sin cuidado tras de él y saludé sin cuidado a aquel señor. Saliendo rápidamente de allí y regresando al automóvil dónde horas antes había llegado.
Una vez dentro, solté todo el aire que llevaba dentro una vez más y tomé el valor de preguntar.—¿Él estaba aquí?—Pregunté rápidamente.—¿Pudo encontrarme en el pasillo desnuda? ¿Pero en qué pensabas?—Pregunté de manera insistente.
Él rió y encendió el automóvil.—Yo no he dicho, ni he hecho nada. Todo lo hiciste tú,—Rió con sarcasmo.—Pero tranquila, Freddy es de fiar. Trabaja para mí pero es parte de mi familia. Puedes pedirle lo que sea y lo cumplirá.—Aclaró.—Ahora ten, no creas que lo olvidé.—Dijo entregando aquella venda qué horas antes había puesto en mis ojos.—Ni creas que lo olvidé. No puedes mirar el camino, ni mi hogar por ahora. Al menos no hasta que ese contrato esté cerrado.—Insistió.
Una vez más llevé la venda a mis ojos y negué.—Vaya manera de hacer las cosas, Hassam.—Insistí vendando mis ojos.
Así mismo poco a poco el automóvil se puso en movimiento, saliendo de allí rápidamente y tomando el camino por unos 15 minutos aproximadamente.
Cuando aquel tiempo pasó, sentía el automóvil desplazarse rápidamente y acabar bajandola poco a pocos hasta pedirme quitar la venda. Seguí sus órdenes una vez más, y estando allí dentro del automóvil, lo primero que pude observar fue aquel tatuaje que llevaba en su mano.
—Lindo.—Dije rápidamente señalando su mano e intentando tomarla.
—No.—Dijo evitando el contacto.—No me gusta que me toquen los tatuajes, Layla. Trajo muchos conflictos hacerlos. Mi padre, mi madre, todos lo vieron como una falta de respeto. Me gusta tenerlos, pero desde ese tiempo, siento que he estado marcado por la deshonra.—Aclaró.
Yo suspiré y bajé mi mirada una vez más. Aquellas palabras solo me hacían entender el impacto que sus padres tenían en él, y solo por ese instante, Hassam se volvía vulnerable y real, bajaba la guardia ante aquel hombre rudo y testarudo, dándome la dosis exacta para interesarme un poco más en él.
—Pero suficiente, llegamos a tu casa, chica virgen.—Dijo finalmente deteniendo el automóvil.
—No me digas así.—Dije entre dientes tomando mi mochila.—Confíe en ti y tú confiaste en mi, eso solo quiero que quede aquí, solo Sheyla lo sabe.
—Y el resto, como yo, lo suponen.—Aclaró.
—No es lo mismo a una confirmación. Y decirlo tú terminaría de levantar sospechas.—Insistí tomando la manilla para salir de allí.
—Lo pensaré, sé que quieres una amistad y un poco de sentimientos, también sé que ser virgen complica las cosas... Pero buscaré el modo de hacer que funcione, cuando tenga una respuesta, te buscaré.—Susurró diciendo aquello último.
Yo asentí y finalmente bajé de allí. Miré desde fuera mientras él poco a poco regresaba su mirada al camino, apretaba con fuerza el volante y salía de allí a altas velocidades, hasta finalmente perderse en la larga carretera.
Allí respiré hondo y reí mirando el cielo. Recordando todo lo que había pasado, la libertad y el poder que había tomado gracias a Hassam Vali.
Él era una caja de sorpresas, y a mi, simplemente me encantaba ser sorprendida.
Con aquel mismo pensamiento caminé hasta llegar a la puerta principal de casa, introduciendo la llave para pasar la puerta sería abierta y me dejaría ver a mi madre junto a Sheyla.
—¿Sheyla? ¿Que haces aquí?—Pregunté confundida.
—Señorita, la única pregunta aquí la hago yo.—Dijo firmemente mi madre cruzándose de brazos.—¿¡Dónde carajos estabas!? ¿Crees que estoy aquí pintada? ¿Y tú celular? Te llamé, te dejé mensajes, jamás respondiste.
—Yo... he, mi teléfono... me quedé sin batería.—Balbuceé.