Narrador Omnisciente La luz blanca se filtraba por los párpados de Yia, quien yacía recostada en una cama incómoda. Su cabeza le daba vueltas y la intensidad cegadora de la luz no ayudaba en absoluto. —¿Dónde… dónde estoy? —murmuró, tratando de incorporarse. —Yia, descuida, estás en la enfermería —respondió una voz conocida. Al voltear, su mirada se encontró con David. —¿Qué haces aquí? —espetó con molestia. Lo último que quería era verlo después de lo que había hecho. —Yo lo llamé —intervino otra voz. Luna apareció en su campo de visión—. Es tu primo y pensé que debía saberlo… Te desmayaste, y fue por mi culpa. —Bajó la cabeza, avergonzada. —No fue tu culpa —David tomó la palabra antes de que Yia pudiera responder—. Si acaso, la culpa también es mía. El Beta acarició la mano de su

