Con cuidado, Jared volteó a Yia, encontrándose con sus ojos brillosos. Sus labios se encontraron por última vez esa noche antes de que ella se quedara dormida. Jared la abrazó, inhalando el dulce aroma de su piel. Chocolate, nuez y almendras... Ninguno de los dos comprendía del todo lo que habían hecho, pero lo que sí era seguro es que esa noche marcaría el resto de sus vidas, para bien o para mal... El sonido del reloj era lo único que se escuchaba en la oficina del joven hombre. Su mañana había sido tranquila. Su semana, activa. Pero todo se compensaba en las noches, cuando dormía con su pequeña mujer. Desde aquella noche en el jacuzzi, algo había cambiado, aunque Jared, orgulloso como era, se negaba a admitirlo. No solo el sexo se había vuelto más frecuente, sino que la relación de

