—Creo que estaremos viéndonos seguido después de todo —Ian hablaba mientras asaba la carne. —¿Así? ¿Piensas firmar otro contrato con mi empresa? —dijo burlona Jared. —Quisieras, no, pero ahora que Bruno y su esposa se irán a Londres lo más seguro es que Susan quiera ir a visitarlos —miró a la rubia, quien platicaba alegremente con Yia. —Entonces ¿por qué no se mudan a Londres? —No puedo, mi padre apenas hace unos meses salió del hospital y Susan está estudiando. No podemos simplemente mudarnos. —Quién lo creería, has cambiado, hasta te preocupas por tu padre ahora. —He aprendido a ver las cosas de distinta manera, y aunque no lo creas, tú igual. Creí que siempre dijiste que solo los idiotas se enamoraban —palmeó el hombro de Jared—. Bienvenido —se burló. El hombre miró a Yia. Ya no

