La tinta negra comenzó a trazar líneas sobre aquella hoja de papel, y mientras lo hacía, no podía evitar pensar en cómo mi destino había sido sentenciado al caer en las manos de ese magnate. Aunque Jared, el hombre de cabello azabache frente a mí, parecía estar tranquilo, algo en su mirada delataba una batalla interna. Apenas terFraseré de firmar, se levantó de su asiento. Desde el primer momento en que me vio en esa subasta, lo supe. Había algo en su mirada que me analizaba, me juzgaba, como si intentara descifrarme. No entendía del todo qué había despertado en él, pero yo también podía sentirlo: un calor extraño y abrumador. Su presencia era intimidante. Él no era un hombre común, no solo por su porte y su autoridad, sino por algo más, algo que no alcanzaba a entender. Me lo había

