El beso era suave, lento… se podían transmitir los sentimientos, el anhelo. Sus lobos aullaban por la presencia del otro, era una forma de demostrar su aceptación mutua. —¿Qué fue eso?... —preguntó Bruno, juntando sus frentes aún con los ojos cerrados. —Gracias… —susurró Sol. Sabía que sus palabras no serían suficientes y quiso demostrarle su gratitud de otra manera. Volvió a besar sus labios, dejándose llevar por ese deseo y ese sentimiento que creyó muerto y sepultado en lo más profundo de su corazón. Bruno había logrado descongelar ese corazón endurecido por el dolor y la traición. El folder cayó al piso cuando las manos de la Omega tomaron el saco de Bruno en un intento por quitárselo, pero él sujetó sus manos, apartándolas suavemente. —¿Sigues en celo? —preguntó, dando dos pasos

