—Maldita perra mentirosa… así que por eso no tiene problemas legales al momento de hacer sus estúpidas subastas. Créeme, nadie está ahí por gusto. La Omega continuó contándole más acerca de lo que les hacían en ese lugar. Pasaron horas hablando como si se conocieran de toda la vida, hasta que Sol, agotada, se quedó dormida abrazada al mayor. La luz del sol se filtraba por la ventana y una suave brisa acarició el rostro de la Omega, dándole los buenos días. Ella respondió con un gruñido, girándose aún adormilada. Fue entonces cuando notó que la puerta estaba rota, como si alguien la hubiese forzado. Los recuerdos de la noche anterior llegaron de golpe, repitiéndose como un bucle. Miró a su alrededor buscando al Alfa, pero la habitación estaba vacía. Se sentó en la orilla de la cama y en

