Narrador omnisciente La noche era tranquila, aunque el Alfa aún no podía conciliar el sueño. Seguía preocupado por la omega, quien no había salido en todo el día de su habitación. Podía escucharla llorar del otro lado de la puerta y eso lo hacía sentirse tan impotente… solo quería abrazarla y decirle que él estaba ahí para cuidarla, pero sabía que la azabache no se lo permitiría. No podía dejar de dar vueltas en la cama. Eran más de las tres de la mañana. Una vez más cerró los ojos para obligarse a dormir, pero unos gritos lo hicieron abrirlos de nuevo. Sabía que eran de Sol. Casi se tropieza con algunas cosas en un intento desesperado por llegar a la habitación de la omega. Cuando intentó abrir la puerta, esta no se movió. Estaba asegurada desde dentro. Los gritos persistían. —¡No! ¡N

