Un Año Después. Los rayos del sol no tardaron en hacerse presentes en la habitación, acariciando el rostro de Yia. — Mgh~ — se quejó, acurrucándose más contra el cálido cuerpo que descansaba a su lado. —Buenos días, amor… —susurraron en su oído, haciéndola girar, encontrándose con el rostro de su acompañante. —Buenos días, James —sonrió adormilada. El nombrado depositó un casto beso sobre sus labios mientras acariciaba su cabello. James había sido como su salvavidas, justo cuando Yia creyó que no podía más con el dolor. Después de haber dejado esa casa, su loba no fue la misma, cada vez la sentía menos. Yia se sintió cerca de la muerte, pero James la tomó de la mano y la ayudó, la cuidó, sin pedir explicaciones de lo que realmente le había pasado. Con el tiempo, su enfermedad dejó

