Recogieron los restos de la cena y mientras ordenaba la cocina, Adriana se volvió a él un momento. - Supongo entonces que esta noche debería dormir en mi habitación – - ¿Por qué lo dices? – preguntó Salvador sin mirarla. - No sé… para conservar las energías para mañana, creo – Él rio suavemente y se volvió a ella. - Sí, tal vez sea buena idea… pero no será necesario – Adriana sintió un ligero cosquilleo en el estómago. - Tengo que revisar unos documentos – agregó Salvador secándose las manos – Ve a la cama y no me esperes despierta – - Está bien – dijo y tenía que reconocer que había desencanto en su voz Tomó la caja que había elegido, la llevó a su dormitorio y la dejó sobre la cama. Sintió el irrefrenable impulso de abrirla pero, aunque pareciera absurdo, estaba segura

