45.

1594 Words

Faltaban un par de minutos para las ocho cuando salió de la habitación. El golpeteo de sus tacones resonaba en la casa silenciosa y vacía. Cerró la bata en su cintura y cruzó el patio con cuidado de no tropezar. Aún no se manejaba bien con ese tipo de calzado. La casa de huéspedes estaba ya iluminada, la puerta entreabierta. El salón había sido despejado. A un extremo de la habitación había una pequeña tarima y una otomana color n***o. A unos metros, el sofá de cuero, de cara a la tarima y frente a la ventana, un biombo con superficie de espejo. La puerta del dormitorio se abrió y Salvador se detuvo de golpe. - ¡Guau! – exclamó recorriéndola con la mirada. - Buenas noches – murmuró ella. El hombre se acercó y soltó la cinta de su bata para poder ver su atuendo. - Sabía que est

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