- Lo siento, lo siento – dijo lanzando una mirada a la mujer. Tenía los ojos cerrados y los labios apretados. - Ya acabé – murmuró con tono cálido y pasó con cuidado el algodón húmedo alrededor del catéter. Acarició la mano de la mujer. - Ya pronto pasará, ¿de acuerdo? Pronto se sentirá mejor – Doña Carmen asintió levemente, aún con un rictus de dolor en los labios. - Bien… Salvador está por llegar… - dijo tratando de tranquilizarla y al alzar la cabeza, lo halló frente a ella, apoyado en el quicio de la puerta. Colocó la mano de la mujer sobre la cama con sumo cuidado y se acercó a él. - El catéter me dio un poco de problema – se explicó tratando de hablar muy bajo – Pero ya logré cambiar la vía. Se quejó de un poco de dolor… - ¿Llamaste al doctor Fernández? – su tono era

