Había pasado sola todo el día. Salvador había salido muy temprano y solo le había indicado que regresaría tarde por la noche. Doña Carmen se encontraba estable y dormía plácidamente. Con suerte, no despertaría en toda la noche. Se dirigió a la cocina y buscó en el refrigerador. Solo se prepararía un emparedado y un té porque no tenía ganas de cocinar. Miraba algo distraída por la ventana, la luna lucía llena y luminosa en un cielo despejado. Sus manos se movían de forma automática, lavando los vegetales. Por eso, cuando su teléfono comenzó a timbrar, se sobresaltó. Sacudió sus manos rápidamente y buscó en su bolsillo. Su corazón se detuvo al ver el nombre en la pantalla - ¿Hola? – su corazón latía precipitadamente – Hola, cariño – trató de tomar algo de aire - ¿Cómo estás? – Hizo

