Se paseaba nerviosa por el lobby del hotel. Los huéspedes iban y venían; había reconocido a un par de amigos de Javier, pero no les prestó demasiada atención. Miró el reloj sobre la pared de la recepción, pero solo habían pasado dos minutos desde la última vez. Entonces, con el rabillo del ojo, notó una figura alta y delgada. Un sudor frío recorrió todo su cuerpo. No recordaba haber visto a Salvador con traje. Usualmente usaba pantalones de mezclilla y camisetas, aun cuando tenía reuniones. Llevaba un traje color arena, una camisa blanca, sin corbata. El cabello cuidadosamente peinado y recogido en su acostumbrado moño. Él también la había visto y Adriana se sintió ruborizar ante el peso de su mirada. No era como si hubiera olvidado como su cuerpo respondía a su presencia, es solo q

