Capítulo 10

1561 Words
-Buenas tardes.- Contestaron todos a coro. -Creo que el profesor ya les habló algo sobre lo que haré.- Todas las mujeres de la sala asintieron muy entusiasmadas. -Adelante, Matías. Ya comenzaré la clase, tú contestas las dudas. Me dispuse a ponerme los audífonos. -Señor, creo que antes de comenzar, debería decirle a la alumna Benavides que no utilice los auriculares. Mal.Di.To. -Señorita Benavides, creo recordar nuestro compromiso antes de que usted entrara a mi clase.- Asentí. ¿Cómo me había visto si estaba en el fondo del aula?- Entonces, no veo necesidad de auriculares por ahora. Matías, por favor, quítaselos.- El susodicho se acercó sonriente hacia mi puesto y le entregué el conjunto de cables. Totalmente seria y de manera brusca, claro. -Gracias.- Respondió él, alegre, como si le hubiese hecho un cumplido. Vale, puede que sea guapo, y puede que exista la posibilidad de que esté comenzando a gustarme. Pero nadie se mete con mis audífonos. Nadie. -Ella es nuestra alumna predilecta, Matías. Siempre atenta y dispuesta a colaborar en clases.- El maestro se burló de mí. -Así puedo ver. Pero no se preocupe, las desconcentradas y con audífonos no entran a esta clase, sino, se les reprueba. Así que, Nicol,- Lo miré muerta de rabia.- no más audíafonos en clase. -Estúpido.- Murmuré. -¿Perdona? -Estudio. Que me dedicaré más al estudio de la física.- Carol se rió de mí, y yo le dí un disimulado codazo. -Sigamos con la clase.- Cortó el profesor.- Bueno, lo que veíamos con anterioridad... Lo intenté, en serio que lo intenté, pero no pude concentrarme. De partida, como base no sabía nada, tampoco entendía, a cada minuto que pasaba, el profesor dibujaba otra fórmula en el pizarrón y por si fuera poco, la mera presencia de Matías, y su racha arrogante, no dejaban que mi concentración fuera para el profesor cien por cien. Cuando la clase terminó, procuré salir con mi amiga lo más rápido posible, ignorando deliberadamente los llamados del nuevo ayudante del docente. Miércoles y ni deseos de ir a ensayo. El comportamiento arrogante de Matías el día anterior había dejado mucho que desear. Pero como era medianamente respondable, fui de todas formas hacia la sala. Además, una parte de mi interior, quería verlo desesperadamente, a pesar de su comportamiento. Necesitaba verlo, es más, necesitaba conversar civilizadamente con él, necesitaba tenerlo. Empujé la puerta un poco desanimada. Quería verlo, pero a la vez, quería desaparecer. No lograba comprender su comportamiento. Me estaba volviendo loca. -Nicol, que bueno que llegaste.- Me recibió el profesor.- Alonso se justificó, dijo que hoy no podría venir, pero están todos los demás.- Recorrí la sala con la mirada, efectivamente, estaban todos, estaba él, observándome con culpa y remordimiento. Que se joda. -Lo siento, sólo vine por el ensayo con Alonso. Si no está aquí, no tengo más que hacer. Permiso.- Ajusté mi mochila al hombro y fui hasta la pequeña plaza apartada. A mi lugar, decidida a acabar con esto de una buena vez. Tenía que entender física sea como sea. Media hora después, me rendía por milésima vez. No sé a quién se le había ocurrido la física, pero puede estar seguro de que no se lo agradecía. ¿Y a mí qué me importaba si un cuerpo se dilataba con las altas temperaturas o se contraía con las bajas? -No es tan difícil como parece. Levanté la vista, mi cuerpo despertó, pero fingí aburrimiento. -Y lo dice el ayudante del profesor.- Se rió. -Toma.- Me tendió los audífonos, pero no los recogí, por lo que él los guardó en mi mochila.- Podrías darme las gracias. ¿Era en serio? -Jódete.- Volví mi atención a los apuntes. Él no se movió, me quedó observando intensamente, por un largo rato. Hasta que ya no lo aguanté.- ¿Qué? -Estás más guapa cuando intentas concentrarte. Me ruboricé. ¡Yo no me ruborizaba! Dejé los cuadernos a un lado, agotada. -¿Te das cuenta de lo que dices? -Soy consciente de que te he dicho guapa. -No me refería a eso.- Me levanté y lo encaré.- Me refiero a cómo actúas. Un día eres el chico más simpático y al siguiente, un jodido arrogante. ¿Acaso eres bipolar y no me he enterado? -¿Bipolar?- Me preguntó riéndose. -¡Sí! Partes siendo agradable después de la elección, luego eres arrogante en la sala de música, continúas con tu simpatía cuando me invitas a salir y terminas siendo un maldito arrogante ayer en la clase de física. ¡Y no, espera! Ahora quieres volver a ser el chico rey de la simpatía.- Estaba agotada de eso. El brillo de sus ojos cambió. -Sí, tal vez he sido un poco bipolar. Se sentó en la banca y yo le imité.- He sido un c*****o desde que nos conocimos esa noche. Me sorprende que me hables después de todo. Ay, no. Suspiré rendida. -Tampoco he sido muy amable, para ser justos.- Le dije encogiéndome de hombros. -Vamos Nicol, entré a robar a tu casa, te amarré a una silla... -Y también ocultaste que tenía ese cuchillo. ¿Lo recuerdas?- Asintió. -Pero eso no es nada. Me he comportado fatal, tengo suerte de que me hables. Deberías haberme denunciado, pero no lo hiciste. ¿Por qué? -No lo sé.- Era la verdad. -Es porque eres buena persona.- Rió sin ganas.- No merezco que me hables. -No digas eso.- Silencio.- ¿Quién era el que te acompañó?- De repente me dí cuenta de que estabamos considerablemente cerca. -Mi padrastro.- No sé por qué estaba confiando en mí, pero iba a guardar esa confianza.- Él me obligó a ir. Yo no quería. Cuando te ví, menos. -¿Te obligó, dices? -Sí. -¿Por qué haría algo así? Estudias medicina. ¿Cual es su necesidad de... robar? -Él es un enfermo, Nicol. Padece de una enfermedad que se llama cleptomanía. No roba por necesidad, roba por impulso o simple placer. -¿Y por qué te obliga a tí a hacer eso?- Pregsorprendida. -Mientras más manos para robar, es mejor para él.- Asentí, no debe ser para nada fácil estar en su lugar. -Eso es... nefasto.- Asintió. Su declaración hizo que mi enfado se esfumara por completo. -Yo... te quería pedir disculpas, en serio, por eso.- Él era inocente. -Está bien, no pasa nada.- En un acto inesperado, acarició mi mejilla. -Eres... muy linda.- Me hice más consciente de nuestra cercanía, tan así, que en mi campo de visión, sólo estaba su rostro.- Bien, aclarado el primer punto... necesito que aclaremos otro. -¿Cuál otro? -Lo que me hacer sentir cuando te tengo cerca.- Mordió su labio a la vez que maripositas volaban por mi cuerpo entero.- ¿Será posible? -¿Qué cosa?- Pregunté observando sus labios. No me respondió. Sujetó mi rostro con sus dos manos y con sus pulgares, acarició mis mejillas.- ¿Qué cosa?- Volví a preguntar, presa de un embrujo. -Esto.- Se acercó muy lento, pero cuando me dí cuenta, ya fue muy tarde. Rozó mis labios con extremada dulzura. Me aprté un poco y lo miré a los ojos, sólo pude ver nerviosismo y deseo de continuar nuestro contacto. Esa mirada, y sus ojos verdes, hizo que mi corazón se derritiera, que mi cuerpo dejara de responderme y que unos deseos de besarle, realmente impresionantes, me invadieran por sorpresa. Volvió a rozar mis labios, ésta vez con mayor seguridad. Yo le respondí y él sonrió. Intensificó el beso a tal punto, que dudaba que mis pulmones volvieran a funcionar. Enredé mis dedos en su cabello y lo atraje a mí. Tenía que admitir que ya había imaginado esto en algún rincón de mi cabeza, pero sin duda, la realidad superaba mi imaginación con creces. Empujé mis labios contra los suyos con un deseo nunca antes visto en mí. Era necesario acercarme más aún. Sentía su aroma... era tan... perfecto. Estaba concentrada en ese beso, que no me percaté de la hora, ni de que debería estar estudiando, ni de que él tenía novia. Me separé lentamente, buscando el preciado oxígeno para mis pulmones. Ese mismo, que él me habpia arrebatado con tan solo besarme. -Lo siento, no debí hacer eso.- Dijo él sin una pisca de arrepentimiento por lo que acababa de hacer. Me costó responderle. -No fuiste sólo tú. Yo... tengo que seguir estudiando.- Levanté mi cuaderno, intentando que mis manos no temblaran. -Sí, claro. Por supuesto, yo... nos vemos luego. Cualquier cosa, me avisas, recuerda que soy tu tutor.- Asentí y él se volvió para irse. Pero parece que lo pensó y se volvió hacia mí otra vez.- No, ¿Sabes qué? No me arrepiento de haberte besado, y tu tampoco. Lo pensé un poco. -Tienes novia.- Las palabras salieron antes de que yo misma las procesara. -No es cierto.- Alcé una ceja.- ¿Quién, según tú, es mi novia? -Francia. Se comporta como una. -Ella no es mi novia. Se toma demasiadas confianzas conmigo, pero no es mi novia.- Comenzaba a dudar si en serio era su novia, pues había sido testigo de cuán confianzuda era esa mujer. Se acercó un poco más a mí.- Acabo de descubrir que sólo quiero besar a alguien en un largo tiempo, y espero, que a esa persona le pase lo mismo.- Sonrió de medio lado. -Si dejaras de comportarte como un bipolar de primera, puede que esa persona quiera.- Dije burlona. -Entonces, dejaré de ser bipolar.- Contestó con una sonrisa. En ese minuto, me encontraba demasiado felíz, y podía incluso, admitir sin tanto escándalo, que ese chico de ojos verdes me atraía... y algo más. Su beso había sido el mejor que había dado y estaba más que dispuesta a repetirlo. Aunque se volviera adictivo. Dejé de pensar y volví al presente, donde él me miraba sonriente. -Dije 'Puede'. -Haré lo posible porque quiera.- Me sonrió y se giró para irse. -¡Matías!- Se volvió ante mi llamado.-Gracias por el destacador.- Levanté el objeto y se lo enseñé. Sonrió y luego se fue, dejándome con unas inevitables ganas de más.
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