Capítulo 11

2029 Words
-Y me invitó a salir.- Sus ojos...- Claro, fuera de tiempo de cases.- Su sonrisa...- ¿Me estás escuchando?- Sus labios...- Entonces me llevó a un callejón y me rapataron los marcianos.- Su forma de besar...- Y se reprodujeron conmigo por el hombro. -¿Ah? -Hola, señoritas. -Fabián, ¿Podrías decirle a Nicol que me escuche? Parece que está en las nubes. -No es cierto.- Me defendí. Carol miró a Fabián. -Le acabo de contar que me raptaron los marcianos y se reprodujeron conmigo por el hombro. Y no dijo nada. -¿En serio? Creo que se drogó. -No me extrañaría. -Hey, estoy aquí.- Me hice notar. -Pues no lo parece.- Dijo Carol.- Aver, dime entonces qué te estaba diciendo. -Bueno... que... tu mamá te envió al centro y viste extraterrestres y te pusiste a bailar con ellos. Ambos me miraron como si de repente, tuviera ocho cabezas en vez de una. -Que linda historia, buena imaginación. Creo que después la invitaron a cenar y se hicieron mejores amigos, de hecho, tinen cita dentro de poco.- Dijo Fabián un poco burlón. -Lo que digas.- Tomé mi manzana y le dí un mordisco.- Me voy, chicos.- Tomé el resto de mis cosas. Mi mochila al hombro, mi carpeta en uno de mis brazos, en la mano llevaba el horario mientras lo revisaba y en la otra, la manzana a medio comer. Fui caminando por los pasillos de la Universidad. Me tecaba... Ensayo. -Te puedo llevar las cosas, si quieres.- Alcé la vista y sonreí. -¿Te estás tomando en serio lo de dejar de ser bipolar, o es que pronto veré otra vez al chico arrogante? -El chico arrogante se tomó unas vacaciones.- Sonreí.- ¿Vas a ensayo? -Sí.- Comenté reordenando mi mochila. -Vamos, deja que te lleve algo. -No, gracias.- Sonreí. El cambio era notorio en su personalidad. Si se hubiese comportado así desde el comienzo, es decir, nada de bipolaridades, me hubiese prendado de él desde el comienzo. Pero como no fue así... me está empezando a gustar ahora. Cuando llegamos a la sala, él me abrió la puerta, entré riéndome. Estaba irreconocible. -Menos mal que llegas.- Apareció Alonso un poco serio. Miró a Matías, quien se tensó y se acercó a mí. -No es tarde, a penas pasaron cinco minutos.- Se defendió Matías. -Ya, pero... Yo tengo que ensayar con Nicol. Cinco minutos son mucho. -Eh, para el carro, ¿Sí?- Comenté.- El último ensayo faltaste y no te dije nada, cinco minutos no son importantes. -Pues no perdamos más el tiempo, vamos.- Me tomó del brazo. Me volví a mirar a Matías, quien se limitó a mover los labios idicándome que luego hablábamos. Asentí y caminé junto a Alonso. -Ya puedes soltarme. -¿De qué iba eso? Se supone que se llevan mal. -¿No puedo llevarme bien con él ahora? Además no tienes el derecho a pedirme explicaciones. ¿Quién te crees?- Ante mi pequeño arrebato, Alonso pareció reaccionar. -Yo... lo... no... -Mejor ensayemos.- Y así lo hicimos. Sentí la mirada de Matías puesta en mí a cada minuto, lo que me hacía sonreír como bebé con dulce en las manos. En este caso, el dulce era él. Literalmente. Pues su sabor aún no se me borraba de los labios. Podía tener un caos en la cabeza, no saber lo que sentía, pero si algo tenía claro, era lo que quería, y quería volver a besar al chico de ojos verdes. Cuando me reveló que era obligado a robar, sentí que muchas cosas encajaban, para empezar, mi intuición era buena, segundo, eso explicaba su comportamiento aquella noche. Y último, era imposible que en esos claros ojos verdes, transparentes, hubiese algo de maldad. Faltaba poco para terminar el ensayo, cuando Matías se acercó a ambos. -Nicol, vamos, para explicarte Física. -Ehhh...- Miré a Alonso, quien retaba con la mirada a su amigo.- Claro, vamos.- Tomé mis cosas.- Adiós Alonso, nos vemos el lunes. -Adiós.- No se volvió a dar vuelta para mirar a ninguno de los dos. Salimos de la sala, despidiéndonos del profesor, quien nos miraba extrañado, pues él también era consciente de que no nos llevábamos del todo bien hace un par de semanas. Matías puso su mano en mi cintura y me guió por los pasillos de la universidad. -¿Qué le pasó a Alonso?- Pregunté. -Estaba celoso.- Contestó tranquilo.- A él le gustas tú, y como te vio llegar con el chico que supuestamente odias, fue un golpe bajo. Considerando que ése chico era su mejor amigo. -¿Era?- Llegamos a un lugar bastante apartado, a unas aulas que ya casi no se utilizaban, eran perfectas para... estudiar. -No creo que lo quiera seguir siendo si se entera de lo de ayer.- Me sonrojé.- Pasa.- Me abrió la puerta e ingresé, nos sentamos en la primera fila y puse mi cuaderno de fìsica sobre la mesa.- veamos, preciosa.- Se sentó a mi lado.- Dime lo que no entiendes. -Siendo sincera... no sé nada, pero absolutamente nada de física. -¿Nada de nada? ¿La velocidad de la luz, cuál es? -No sé, ¿1km/h?- Se rió y tapó mis ojos con su mano, a los segundo la sacó. -¿Te demoraste una hora en percibir la luz? -Claro que no. -¿Ves? La velocidad de la luz no puede ser 1km/h. -¿Y eso qué tiene que ver con éste problema?- Señalé el libro y comencé a leer.- Una barra de vidrio, cuyo alfa es nueve por diez elevado a menos seis grados celcius elevado a menos uno, de treinta centímetros de longitud, es expuesta a un incremento de temperatura de sesenta y cinco grados celcius. Determina el aumento en la longitud de la barra.- Se rió ante mi cara de desorientación. -Pues ahí debes usar las fórmulas de la página siguiente. Revisé la página y había una fórmula tan o más complicada y enredada que el problema. Tragué saliva y miré a Matías, quien se había acercado a mí, casi imperceptiblemente. Cuando volvió a ver mi rostro de confusión, se comenzó a reír. -Vamos, sólo debes reemplazar valores. Aquí te dan alfa y... Anoté con concentración los valores y las fórmulas en mi cuaderno. Sintiendo su mirada en cada lugar de mi rostro. -¿Sabías que sé cuando me estás mirando? -Me es imposible no mirarte.- Seguí anotando, fingiendo tranquilidad, cuando la verdad era que estaba muy nerviosa, sentía un remolino en mi estómago que se extendía por cada una de mis extremidades. Me reí. -¿Podrías mirar a otro lado?- Sugerí. -¿Te pone nerviosa?- Miré directo a los ojos más hermosos de éste mundo. -Sí, y quiero que usted, mi tutor, me enseñe física y necesito, para eso, estar concentrada. -Entonces, señorita, muy a mi pesar dejaré de observarla para cumplir con mi labor de tutor.- Sonrió y se lanzó a darme la explicación más compleja que había recibido en mi vida. Pero aún así, sorprendentemente, entendí uno que otro punto. Cuando acabamos, una hora más tarde, estaba muy agradecida con él, pues había logrado que entendiera más de lo que había hecho con el profesor hasta ahora. -En verdad, muchas gracias. -No es nada, la pasé bien viéndote borrar tres veces el mismo ejercicio.- Nos reímos.- Pero ya que terminamos las clases, me gustaría hablar de otra cosa. -¿De qué?- Pregunté guardando los cuadernos en mi mochila. -De tí. No me respondiste por qué vivías sola.- Me mordí la lengua, pensando en qué responder, hasta que a mi mente acudió el recuerdo de que él se había sincerado conmigo, había confiado en mí, era justo que yo hiciera lo mismo. -Porque me gusta la tranquilidad de vivir sola.- Sólo había hablado esto con Carol y Fabián.- Y en mi casa, con mis padres, eso era imposible. Siempre discuten y ya estaba cansada de eso, fueron muchos años aguantando en silencio para no crear más conflicto.- Suspiré y él asintió, comprendiéndome.- Por eso vivo sola. -¿Y el piso te lo pagan tus padres? -No, por eso trabajo en la librería, me dá el ingreso que necesito para mis cosas. -¿Con el sueldo de una librería? -Sí, sé que suena extraño, ya que trabajo los días sábados y aveces, sólo aveces entre semana, pero me alcanza, el arriendo no es elevado y el sueldo sí lo es.- Volvió a asentir.- ¿Qué hay de tí? ¿Con quién vives? -Con mi madre y mi padrastro, en la casa de él. -¿Tu mamá... lo ama?- Negó con la cabeza. -En un comienzo pensó que lo amaba, pero luego se dio cuenta de que no era así, aunque fue demasiado tarde, ya se había ido a vivir con él y yo no la hubiese dejado sola. -¿Y qué piensas hacer? -Terminar la carrera y llevarme a mi madre conmigo. Lamentablemente, ahora dependemos de él. Él paga mis estudios y no permite que mamá o yo trabaje, excusándose en que él es el hombre de la casa. Podrás entender lo machista que es. Además, sabe que si nos independizamos económicamente de él, lo denunciaríamos y terminaría sus días de vacaciones en la cárcel. Asentí. Debe ser horroroso encontrarse en esa situación, querer ayudar a tu madre pero no poder hacerlo. Sin mencionar que te obliguen a robar por complacer a otro. De pronto, me surgió una pregunta. -¿Y tu padre? -Ah, bueno, él... nos dejó cuando mi madre estaba esperándome.- Sonrió con tristeza.- Supongo que no se le daba bien ser padre.- Suspiró.- ¿En serio me perdonas? Ya sabes... por eso.- Miró su mano, que estaba muy cerca de la mía. -Escúchame.- Tomé su rostro entre mis manos, obligándolo a que me mirara.- Pero escúchame bien... no lo voy a repetir otra vez.- El verde de sus ojos me hipnotizaba.- No hay nada que perdonar, no fue tu culpa. Tú no tuviste responsabilidad en eso, ¿Vale?- Asintió. -No quiero avanzar y tener el remordimiento de que me comporté como un imbécil cuando nos conocimos, quiero que olvides como me conociste. Que hagas de cuenta que me conoces desde que pedí ser tu tutor. -Yo no quiero olvidar como te conocí. Gracias a esa horrible noche, conocí a un gran chico, con un gran corazón, dispuesto a todo por su madre. Me gustó conocer a ese joven de ojos verdes que se escapó de mi casa con una mirada de arrepentimiento, al mismo que intenté darle una paliza, pero las cosas no saliero a mi favor.- Nos reímos y aligeramos un poco el cargado ambiente. Saqué mis manos de donde las tenía y las dejé sobre la mesa. Él observó el gesto con el ceño ligeramente fruncido. -Eres... increíble Nicol. Cuando te ví, acá en la universidad, con Clarita, pensé que salrías corriendo a denunciarme, y no lo hiciste, lo que me descolocó muchísimo. Cualquiera hubiese hecho eso, hasta yo. Pero tú...- Acarició mi mejilla.- Tú fuiste única, esperaste, y no sé cómo agradecértelo.- Se acercó un poco más. Me puse algo nerviosa por su cercanía e hice lo que siempre hacía en estos casos: Cambiar de tema. -¿Decías que Alonso era tu amigo?- Sonrió. -Lo sigue siendo, pero no creo que quiera seguirlo siendo después de lo que haré.- No apartaba su mirada de la mía, y eso me tenía en un estado de trance. -¿Y qué harás? -¿En serio no te haces una idea?- Negué con la cabeza y él sonrió. Chocó nuestras narices de una forma tan tierna que casi me paraliza el corazón. Entonces me besó. Sus labiso rozaron los míos de manera delicada, pero a la vez decidida. Me encantó. Le seguí el juego de labios por un largo rato. No me importó sentir que volaba, sabiendo que el aterrizaje podía ser doloroso. No me importó encontrarme en una sala de clases. Tampoco me importó cuando él hizo que me sentara en la mesa y me acercó a él tomándome de la cintura. Y mucho menos me importó cuando mi cuerpo le respondía, cuando mis manos tiraban de su suave cabellera, incitándolo a acercarse más a mí. Seguimos así hasta que nos faltó el aire. Él se separó primero y tomó mi rostro entre sus manos, respirando agitado. Al igual que yo. -Me gustas.- Me besó castamente.- Definitivamente me gustas muchísimo.- Otro beso.- Me traes vuelto loco.- Me besó otra vez, en esta ocasión, más prolongado. Comprendí, en ese minuto que él también me gustaba. Paradójicamente a todo lo que debería ser, me sentí segura entre sus brazos, o acariciando mis labios con los suyos. Quería parar aquel beso sólo para decirle que él también me gustaba, pero bueno... pasó lo que pasó. Estábamos tan concentrados en el roce de labios, que no nos dimos cuenta cuando una pareja entró a la misma aula, seguramente a hacer lo mismo que estábamos haciendo con Matías, besarse. -¡Nicol!- Gritó Carol seguida por Antonio.- ¿Qué significa ésto?
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