Nina percibía que Henrique pasaba la mayor parte del tiempo tenso, o bien pasaba horas dentro del despacho, la puerta siempre estaba cerrada. Una única vez que vio la puerta abierta, él estaba gritando con alguien por teléfono, el tono era muy fuerte y ella no se atrevió a entrar allí, más aún porque él ya se lo había prohibido. Salió hacia el establo, le gustaba pasar mucho tiempo allí, los grandes portones de madera estaban abiertos, el viento y el sol estaban siempre presentes por la mañana, a los potros les gustaba su presencia, y Nina se quedaba por allí leyendo. Después del almuerzo fue a limpiar los cuartos, al principio Henrique se negaba a dejarla ayudar en la limpieza, pero ella insistió, no quería sentirse una inútil dentro de su propia casa. Ese argumento finalmente convenció

